
El Obispado nombra a Domingo Miguel González administrador parroquial en Arafo y Güímar tras el fallecimiento de Simón Herrera
El Obispado de la Diócesis Nivariense ha nombrado a Domingo Miguel González Ruiz administrador parroquial de cuatro comunidades en Arafo y Güímar tras el fallecimiento del sacerdote Simón Herrera García.
La continuidad en la atención espiritual de las comunidades del sureste de Tenerife ha quedado asegurada tras la reciente resolución del Obispado de la Diócesis Nivariense. Tal y como ha informado la prensa local, el prelado Eloy Santiago ha designado a Domingo Miguel González Ruiz como responsable administrativo de cuatro demarcaciones eclesiásticas, una medida de carácter transitorio destinada a cubrir el vacío asistencial generado por el reciente óbito de Simón Herrera García.
La reestructuración afecta a un total de cuatro centros de culto: las parroquias de San Juan Degollado, Nuestra Señora del Carmen y San Andrés y Santa Rosa de Lima, ubicadas en el municipio de Arafo, así como la comunidad de Nuestra Señora del Rosario de Fátima, en la localidad vecina de Güímar. Esta intervención episcopal responde a la necesidad de mantener la operatividad de los servicios religiosos y la gestión ordinaria de estas feligresías tras la pérdida de su titular, quien contaba con 55 años de edad y era originario de Garafía.
El fallecimiento de Herrera García, provocado por una enfermedad oncológica, ha supuesto un impacto significativo en la estructura diocesana, dado que el sacerdote tenía asignadas responsabilidades de mayor calado para el periodo 2026-2027, concretamente la dirección del departamento de Pastoral del Deporte. En el derecho canónico, la figura del administrador parroquial permite que la vida sacramental y administrativa de las parroquias no se interrumpa ante situaciones de vacante, garantizando que el acompañamiento a los fieles se mantenga bajo la supervisión directa del obispo hasta que se proceda a un nombramiento definitivo. Con esta decisión, la Diócesis Nivariense busca estabilizar la gestión pastoral en una zona que atraviesa un periodo de duelo por la desaparición de su anterior párroco.