Trabajadoras sociales de Tenerife dan la voz de alarma: acoso, desprecio y riesgo para sus vidas.

Trabajadoras sociales de Tenerife dan la voz de alarma: acoso, desprecio y riesgo para sus vidas.

Recurso: Diario de Avisos

Una trabajadora social de Tenerife denunció acoso sexual y trato despectivo hacia las trabajadoras de asistencia social, pidiendo mayor protección y control sobre los servicios.

No se llama María (nombre cambiado por motivos de seguridad), pero habla en nombre de muchas mujeres que, como ella, realizan un trabajo esencial pero infravalorado.

María es trabajadora social en Tenerife. Desde 2018, ayuda a personas en sus domicilios a través de la empresa Atende, que colabora con el Servicio de Ayuda a Domicilio (SAD) del Ayuntamiento.

Día a día, María es testigo de las dificultades que enfrentan las personas mayores, las personas con discapacidad y aquellas con movilidad reducida.

Ella les ayuda a asearse, a hacer la compra, les acompaña al médico y simplemente les hace sentir menos solos. "Para muchos, somos el único contacto con el mundo", afirma María.

Pero, según cuenta, a menudo ocurre que personas que necesitan atención médica solo piden que se les limpie la casa.

María declaró al DIARIO DE AVISOS que el 92% de los trabajadores del SAD son mujeres. De casi 300 personas, solo hay 16 hombres, el resto son mujeres. Se quejan de que su trabajo no está valorado y de que las instituciones y las empresas no se preocupan por ellas. Según explica, nadie controla cómo se prestan los servicios, el pago por hora ha disminuido desde que el servicio se transfirió a la Comunidad Autónoma y tienen que limpiar en casas que no tienen condiciones sanitarias normales, a veces entre cucarachas, chinches o ratas. Además, se dan casos de acoso sexual por parte de los pacientes.

María misma ha sido víctima de acoso sexual. En lo que va de año, las trabajadoras del SAD han denunciado siete casos de este tipo, y dos de ellos le han ocurrido a María. En sus siete años de trabajo, ha vivido situaciones que, según dice, han afectado mucho a su estado psicológico y ha tenido que acudir a un psicólogo.

"El primer caso ocurrió hace cuatro años en casa de un cliente. Estaba deprimido y me asignaron a él porque soy sensible y buena. Le ayudaba, le limpiaba, salía a pasear con él. Empezó a pensar que éramos pareja", explica.

"Cuando me di cuenta, hablé con él y le dije que tenía novio y dejé de besarle en la cara y solo le daba la mano. No le gustó. Empezó a ponerme tareas raras, como llevar 20 kilos de compra, ir al bar a por un café o quitarme el delantal. Me quejé a la empresa, pero me dijeron que no tenían a nadie para sustituirme y que aguantara. Pero un día se acercó a mí, me besó y me dijo que viéramos porno. Entonces me fui y le dije al coordinador lo que había pasado y que me negaba a prestar ese servicio. Pero en lugar de castigar a este hombre, enviaron a otra asistente", relata María. "Este hombre ha tenido problemas con muchas chicas. Nos trata con desprecio, pero le siguen enviando una asistente", añade.

El segundo caso de acoso sexual le ocurrió a María hace tres meses. "Fui a bañar a una mujer. Cuando fui a colgar las toallas, su marido se acercó, me pegó su cara a la mía y me dijo que la cuerda de tender estaba rota. Le pedí que se alejara de mí. Al rato volvió y empezó a acariciarme la cara. Cogí mi bolso y me fui, y se lo conté al coordinador. No sé qué pasó con ese servicio, pero creo que lo siguen prestando".

María dice que lo peor es que empiezas a culparte a ti misma, te encierras en ti misma y cambias. Antes iba contenta a trabajar y ahora tengo miedo y ni siquiera puedo dormir. Se lo oculto a mi marido y a mis hijas porque me da vergüenza y miedo. Si tengo que pasar por delante de esas casas, intento rodearlas para no encontrarme con esas personas que se aprovecharon de mi bondad y me hicieron sentir violada".

María subraya que los casos de acoso son frecuentes y nadie hace nada. Simplemente quitan a la asistente del servicio y ponen a otra, que vuelve a pasar por lo mismo. Son usuarios reincidentes y solo se han retirado tres servicios gracias a la insistencia de la comisión de igualdad. "Estamos en casas a puerta cerrada en el territorio del acosador. Cuando se cierra la puerta, no tenemos a dónde escapar", se quejan las trabajadoras.

Afirma que la empresa no anula el certificado de ayuda social hasta que el Ayuntamiento da la orden, cosa que nunca ocurre porque consideran que son personas vulnerables. "¿Y yo me pregunto, cuándo termina su vulnerabilidad y empieza la nuestra? Hace poco un hombre en Galicia mató a una compañera que prestaba ayuda a domicilio. ¿Tiene que pasar algo así aquí para que se den cuenta? Somos muertes anunciadas y pedimos ayuda para que no nos dejen solas a puerta cerrada".

María señala que realizamos un trabajo y eso no significa que nos cueste la vida. Por eso, se necesita más protección, que vayamos a casa con vigilantes o que a las personas con depresiones o esquizofrenia se les derive a especialistas. Exige que se controlen los servicios, porque hay personas que no los necesitan. Además, la mayoría de los usuarios nos tratan con desprecio, lo que afecta a nuestro estado mental y dejamos de confiar en la gente.

María afirma que la comisión de igualdad está preocupada porque cada vez hay más casos de acoso. Para muchas, ir a trabajar es una tortura, porque no sabemos con qué nos vamos a encontrar. Nadie se imagina la cantidad de pobreza que hay en Santa Cruz. Y a nosotras, que lo vemos con nuestros propios ojos, nadie nos escucha. Sentimos frustración e impotencia.

Teresa, de 48 años, fue asesinada el 29 de julio por un hombre en Pontevedra al que había denunciado por acoso sexual. Las trabajadoras del SAD en Santa Cruz creen que este caso podría repetirse si no se toman más medidas.