
El arquitecto chileno Smiljan Radic gana el Premio Pritzker 2026
El arquitecto chileno Smiljan Radic Clarke ha sido galardonado con el Premio Pritzker 2026 por una obra que desafía la monumentalidad tradicional a través de una poética de lo efímero y la exploración de la vulnerabilidad material.
La arquitectura contemporánea ha encontrado en la figura de Smiljan Radic Clarke a su nuevo referente global. Tal y como ha comunicado la organización del Premio Pritzker, el arquitecto chileno ha sido designado como el ganador de la edición 2026, consolidando así una trayectoria que ha desafiado las convenciones estéticas tradicionales. Este reconocimiento, considerado el galardón de mayor prestigio en el ámbito arquitectónico internacional, pone el foco sobre una obra que se aleja de la monumentalidad estática para abrazar una poética de lo efímero y lo incierto.
El fallo del jurado subraya una capacidad distintiva del autor para reconciliar la memoria histórica con la exploración técnica. Lejos de buscar la rigidez de las estructuras permanentes, el trabajo de Radic se caracteriza por una apariencia de provisionalidad que, paradójicamente, logra articular espacios de refugio y optimismo. Esta elección editorial del comité evaluador destaca cómo el premiado antepone la vulnerabilidad de los materiales y la duda creativa frente a la búsqueda de soluciones definitivas o pretenciosas, logrando que sus intervenciones se perciban como elementos inacabados pero profundamente humanos.
En sus primeras declaraciones tras el anuncio, el arquitecto chileno reflexionó sobre la dualidad temporal que define su práctica. Radic contrapone la escala de las grandes estructuras, diseñadas para perdurar durante siglos, con la brevedad de los objetos cotidianos y frágiles. Para el nuevo Pritzker, el ejercicio profesional consiste en habitar esa grieta temporal, buscando generar una resonancia emocional que obligue al usuario a pausar su ritmo y observar con detenimiento un entorno que, en la vorágine actual, suele pasar desapercibido. Con este nombramiento, el jurado no solo premia una carrera, sino que valida una postura ética que invita a reconsiderar el propósito de la construcción en un mundo marcado por la inestabilidad.