Ezequiel de León Domínguez: cien años del legado del maestro de la imaginería canaria

Ezequiel de León Domínguez: cien años del legado del maestro de la imaginería canaria

Recurso: Diario de Avisos

El centenario del nacimiento del escultor Ezequiel de León Domínguez pone en valor su legado como referente de la imaginería canaria y su innovadora técnica vinculada al uso del «mazapé» y la conservación del patrimonio.

La figura de Ezequiel de León Domínguez, referente indiscutible de la imaginería canaria, vuelve a ocupar el centro del debate cultural al cumplirse este año el centenario de su nacimiento y el decimoctavo aniversario de su fallecimiento. Tal y como recoge el testimonio personal de su sobrino y colaborador, el también escultor que firma el relato original, la trayectoria del artista orotavense no solo constituye un legado patrimonial de primer orden, sino que permite trazar una cartografía de la evolución técnica y social de las artes plásticas en las islas durante el siglo XX.

El análisis de su obra revela una metodología de trabajo profundamente vinculada al entorno geológico y humano de Tenerife. Resulta especialmente relevante el uso del denominado «mazapé», una arcilla específica procedente de una finca en Tegueste, cuya extracción y tratamiento definieron la calidad técnica de sus piezas. Este material, cuya obtención fue facilitada por figuras clave en su formación como Rafael Machado, se convirtió en el eje sobre el que pivotó su producción, desde sus primeros ejercicios infantiles en el barrio de Altavista hasta sus encargos de madurez.

La formación de De León Domínguez es, en sí misma, un compendio de las redes de mecenazgo y aprendizaje académico de la época. Su evolución profesional estuvo marcada por el apoyo de figuras como César Hernández Martínez y Ana García Barlet, así como por su labor como delineante en el estudio del arquitecto Tomás Machado. Esta base técnica se vería complementada posteriormente con estudios de Restauración y Conservación en Sevilla, bajo la tutela del profesor Francisco Arquillo, lo que le permitió abordar el patrimonio religioso con una visión técnica avanzada.

Más allá de su faceta como imaginero, cuya obra se extiende por diversos municipios como La Laguna, Icod o La Palma, su biografía permite documentar una red de influencias que incluye a la Escuela Municipal de Dibujo de La Orotava y la Escuela Luján Pérez de Las Palmas de Gran Canaria. La preservación de bocetos tempranos, realizados a los trece años, y la memoria de su taller familiar en el callejón de Altavista, ofrecen una perspectiva valiosa sobre cómo el oficio artesanal se transmitía y profesionalizaba en un contexto insular marcado por la escasez de recursos y la necesidad de una constante superación técnica.

Este centenario no solo sirve para inventariar su producción iconográfica, sino para poner en valor la importancia de la conservación de los materiales y las técnicas tradicionales. La vinculación entre el artista, su entorno social y la materia prima —el barro— constituye un caso de estudio sobre la identidad cultural canaria, donde la labor del escultor trasciende la mera ejecución artística para convertirse en un ejercicio de memoria histórica y técnica aplicada al patrimonio.