
Casas de la Cumbre: el declive demográfico y la falta de servicios amenazan la vida en el corazón de Anaga
El núcleo de Casas de la Cumbre, en el Macizo de Anaga, enfrenta una crisis de despoblación y falta de servicios básicos mientras sus habitantes reclaman un equilibrio entre la preservación ambiental y su calidad de vida.
El fenómeno de la despoblación rural en el Macizo de Anaga, un espacio protegido de alto valor ecológico, encuentra en Casas de la Cumbre un caso de estudio paradigmático sobre la brecha entre la preservación del entorno y la calidad de vida de sus residentes. Tal y como recoge una reciente crónica sobre la realidad de este enclave tinerfeño, el núcleo poblacional más elevado del municipio de Santa Cruz de Tenerife atraviesa una fase crítica marcada por el envejecimiento demográfico y la carencia de infraestructuras básicas.
La situación actual de este asentamiento, situado a 790 metros de altitud, refleja una contradicción administrativa y social. Mientras el Parque Rural de Anaga se ha consolidado como un polo de atracción turística y deportiva, los habitantes permanentes —cuya cifra oscila actualmente entre los 40 y 60 residentes, frente al centenar que llegó a albergar— denuncian un progresivo abandono de los servicios esenciales. Entre las demandas más urgentes destaca la ausencia de una red de saneamiento adecuada, una carencia que los vecinos consideran un riesgo ambiental, dado que el subsuelo de la zona es clave para el abastecimiento hídrico del macizo.
La presión del tráfico en la carretera TF-12, principal arteria de comunicación, ha transformado la cotidianidad del caserío. La saturación de vehículos de alquiler y la falta de una ordenación del tráfico que priorice las necesidades de los residentes han generado un conflicto de convivencia que, según los testimonios recogidos, relega a la población local a un segundo plano frente a la explotación turística del paisaje.
No obstante, el tejido asociativo intenta revertir esta inercia. La reciente recuperación del local social de la asociación El Til, tras un periodo de inactividad y deterioro, simboliza el esfuerzo de figuras locales por mantener la cohesión comunitaria. Este espacio, que ha comenzado a acoger actos institucionales como el reciente tagoror de Anaga, se plantea como un punto de encuentro necesario para una población dispersa.
La memoria histórica del lugar se mantiene viva a través de perfiles como el de Dominga Ravelo, de 94 años, y Fulgencio Ramos, exmiembro de la asociación vecinal, quienes representan la transición de un modelo de vida basado en la economía de subsistencia y el trabajo en el monte hacia un presente incierto. La trayectoria de estos vecinos, marcada por décadas de lucha por servicios básicos como el agua potable o la mejora de los accesos, subraya la importancia de la implicación ciudadana en la supervivencia de los núcleos rurales. En última instancia, el futuro de Casas de la Cumbre depende de la capacidad de las administraciones para equilibrar la protección del patrimonio natural con el derecho de sus habitantes a disponer de unas condiciones de vida dignas del siglo XXI.