
El CEIP Príncipe Felipe de Candelaria celebra el "Día Chachi" para fomentar la gestión emocional al cierre del curso
El CEIP Príncipe Felipe de Candelaria celebró el fin de curso con el "Día Chachi", una jornada de convivencia y gestión emocional diseñada para facilitar la despedida escolar y fortalecer los vínculos de la comunidad educativa.
La clausura del calendario lectivo en el CEIP Príncipe Felipe de Candelaria ha trascendido este año el mero trámite administrativo de fin de curso. Tal y como recoge el diario El Día, el centro educativo ha implementado una jornada de convivencia denominada "Día Chachi", una iniciativa que busca mitigar el impacto emocional que supone para el alumnado la interrupción de la rutina escolar y la despedida de sus compañeros y docentes.
Este evento, que congregó a más de medio millar de estudiantes, se aleja de los modelos tradicionales de cierre académico para integrar actividades lúdicas como sesiones de baile, espectáculos de ilusionismo y talleres de caracterización facial. La dirección del centro, encabezada por Marian Valls, ha subrayado que la organización de esta jornada responde a una estrategia de gestión emocional, diseñada para transformar un día habitualmente marcado por la nostalgia en una experiencia positiva de cierre.
La relevancia de este tipo de iniciativas radica en la importancia de la transición escolar, especialmente para los alumnos de sexto curso de Primaria, quienes se enfrentan a un cambio de etapa educativa hacia la Educación Secundaria Obligatoria. La jornada contó con la presencia institucional del viceconsejero de Educación, José Manuel Cabrera, quien participó en las dinámicas grupales, reforzando el mensaje de reconocimiento al esfuerzo realizado por la comunidad educativa durante los meses previos.
Más allá del componente festivo, el evento evidenció la consolidación de los vínculos afectivos dentro del entorno escolar. La jornada incluyó gestos de reconocimiento hacia el profesorado, como el homenaje recibido por la docente Saray Ojeda, y permitió la participación activa de las familias a través de la Asociación de Madres y Padres (AMPA), que facilitó la logística de avituallamiento. La convivencia, que se extendió por todas las etapas educativas —desde Infantil hasta el último curso de Primaria—, funcionó como un mecanismo de cohesión social, permitiendo que el centro educativo actúe no solo como un espacio de instrucción académica, sino como un núcleo de soporte emocional antes del periodo estival.