La basílica de Candelaria que nunca fue

La basílica de Candelaria que nunca fue

Recurso: Diario de Avisos

Un ambicioso proyecto para construir una monumental basílica neogótica en Candelaria en 1926 fue abandonado por la inestabilidad del terreno y la crisis económica, dejando solo sus cimientos.

Imaginen una basílica enorme, de estilo neogótico, levantada en el Risco de La Magdalena, justo encima de donde hoy está el santuario de la Virgen de Candelaria. Se accedería a ella por una gran escalinata. Este ambicioso proyecto, que empezó en 1826, hoy solo son unos muros y excavaciones que aún se pueden ver, testigos de años de trabajo y dinero invertido.

Octavio Rodríguez Delgado, cronista oficial de Güímar y Candelaria, explica que "era una infraestructura magnífica". La idea era que esta basílica dominara Candelaria y se viera desde lejos, incluso desde Santa Cruz.

El santuario de la Patrona de Canarias tiene una historia con muchos cambios. Antes de la basílica actual, hubo una primera, inaugurada en 1692, "casi en el mismo sitio", según Rodríguez Delgado. Pero un incendio en 1789 la destruyó. Pasaron años sin un templo fijo, hasta que el 22 de septiembre de 1803 se puso la primera piedra de una segunda basílica. Esta se construyó sobre las ruinas de la anterior, y por eso la imagen de la Virgen de Candelaria estuvo 156 años en una capilla "provisional".

Los dominicos fueron expulsados del convento en 1836 por la Desamortización, y no volvieron a Candelaria hasta 1922. Fue entonces cuando el obispo Gabriel Llompart y Jaume les devolvió el santuario y el convento. El edificio que encontraron estaba en mal estado y era demasiado pequeño. Los frailes quisieron entonces construir un gran santuario, digno de la Virgen de Candelaria como Patrona de todo el Archipiélago.

Surgió una duda: ¿terminar el templo que se había empezado a principios del siglo XIX en el pueblo, o construir uno nuevo en un lugar más alto y visible? Se decidió por lo segundo: levantar una gran basílica en el Risco de La Magdalena, en el sitio donde hoy está el cuartel de la Guardia Civil, por encima de la basílica actual. El arquitecto suizo Max Alioth diseñó un edificio neogótico con tres naves, dos torres cuadradas, un gran crucero con una torre central imponente y grandes rosetones. Para llegar a él, se construirían unas enormes escalinatas. El fraile dominico Vicente Bravo Bravo describió esta basílica en los planos como un "luminoso y armónico faro de catolicismo", pensado para dominar un paisaje de mar y tierra "de efecto imponente".

Las obras comenzaron en agosto de 1926. Según relató Bravo Bravo, "se compraron los terrenos del risco, se montó un funicular para subir los materiales, se acoplaron los cabestrantes y vagonetas y se cavaron los cimientos simbólicos, colocándose por el Señor Obispo la primera piedra". Para subir los materiales desde el pueblo hasta el risco, se hizo una estructura con raíles y sistemas de arrastre. Pero, después de los primeros trabajos de preparación del terreno y los cimientos, llegó la mala noticia: el suelo no era lo suficientemente firme para aguantar una basílica tan grande, explica el cronista. Para intentar salvar el proyecto, se construyó un enorme muro de hormigón armado, de varios metros de grosor, en la parte del cerro que mira al mar. La idea era evitar desprendimientos de tierra. Bravo Bravo lo llamó una "muralla ciclópea clavada en un risco", y esa estructura todavía sigue allí.

El proyecto se detuvo cuando el padre provincial de los dominicos, fray Manuel Herba, visitó las obras. Después de ver todo y hablar con el aparejador Diego Galera, la decisión fue clara: había que abandonar el proyecto porque era imposible encontrar cimientos lo suficientemente sólidos para una construcción tan grande. A esto se añadió que las ayudas económicas de Cuba disminuyeron mucho por la crisis de 1929 y la inestabilidad política que llevó a la II República. Finalmente, los sucesos de 1936 paralizaron las obras por completo. El cronista resume este intento fallido diciendo: "Era una declaración de intenciones; querían impresionar al mundo".

Al final, se decidió construir el santuario actual con un nuevo arquitecto, Enrique Marrero Regalado. Las obras empezaron el 1 de marzo de 1949 y duraron diez años. El 1 de febrero de 1959, el monseñor Hildebrando Antoniutti consagró el nuevo edificio. Al día siguiente, la imagen de la Patrona de Canarias fue trasladada, casi 180 años después del incendio que había destruido el templo anterior. La obra costó más de ocho millones de pesetas. El cronista Manolo Ramos llama a este proyecto "La Basílica de Candelaria que pudo ser y no fue", recordándonos que no todos los sueños pueden construirse sobre cualquier terreno.