
Aemet confirma que el invierno en Canarias fue más cálido de lo habitual pese a la percepción ciudadana
La Aemet confirma que el invierno en Canarias fue más cálido de lo habitual pese a la percepción ciudadana, advirtiendo que las lluvias recientes no mitigan el riesgo de sequía ante el avance del calentamiento global.
La percepción ciudadana de un invierno riguroso en Canarias, marcado por el regreso de prendas de abrigo que habían caído en desuso, contrasta con el balance técnico ofrecido por la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet). Tal y como recoge el organismo oficial, el periodo invernal que ahora concluye no solo no ha sido excepcional por sus bajas temperaturas, sino que registra una anomalía térmica positiva de 0,2 grados, consolidando la tendencia de calentamiento global frente a la subjetividad de la memoria colectiva.
El fenómeno, analizado por expertos como el meteorólogo José Miguel Viñas, responde a una dinámica atmosférica compleja. Si bien los meses de diciembre y enero presentaron registros térmicos inferiores a la media, el comportamiento inusualmente cálido de febrero neutralizó cualquier desviación hacia el frío. La clave de este invierno no reside en los termómetros, sino en la recurrencia de precipitaciones, impulsadas por una configuración de la atmósfera que ha permitido el desplazamiento de masas de aire polar hacia latitudes meridionales.
Este patrón, caracterizado por una persistencia inusual, ha sido facilitado por un bloqueo anticiclónico en la zona escandinava, que ha forzado a las borrascas —entre las que destacan Emilia, Bram, Francis e Ingrid— a desviarse de sus trayectorias habituales. A esto se suma una alteración en el chorro polar, que al desplazarse hacia Groenlandia ha favorecido la fuga de aire gélido desde el Ártico. Según apunta David Suárez, delegado de la Aemet en el Archipiélago, la estabilidad del anticiclón de las Azores ha actuado como un corredor, canalizando estos sistemas frontales hacia las islas desde el norte.
La comunidad científica observa con cautela estas anomalías, planteando la hipótesis de que la pérdida de masa de hielo en el Ártico esté alterando la dinámica atmosférica global. No obstante, los expertos advierten contra el optimismo climático: la humedad acumulada durante estos meses no garantiza una solución a largo plazo para el estrés hídrico. La persistencia de temperaturas elevadas acelera la evapotranspiración, lo que podría derivar en episodios de «sequía repentina». Este fenómeno, cada vez más frecuente, ilustra la paradoja de un territorio que, aun tras recibir precipitaciones abundantes, se enfrenta a una rápida deshidratación del suelo, recordándonos que la crisis climática no se detiene ante las variaciones estacionales.