La viticultura canaria proyecta duplicar su cosecha ante la necesidad de modernizar el modelo productivo

La viticultura canaria proyecta duplicar su cosecha ante la necesidad de modernizar el modelo productivo

Recurso: El Día

La viticultura canaria proyecta una recuperación productiva este año, aunque el sector debe afrontar la modernización de sus sistemas de riego, el relevo generacional y la profesionalización para garantizar su viabilidad ante el cambio climático.

La viticultura canaria afronta un punto de inflexión marcado por la recuperación productiva tras un ciclo prolongado de adversidades climáticas. Según informa el diario El Día, el sector en el archipiélago proyecta duplicar el volumen de cosecha respecto a los ejercicios anteriores, un escenario optimista que se apoya en la pluviometría registrada durante el primer semestre del año, la cual ha permitido mitigar el impacto de la sequía estructural que venía lastrando el rendimiento de las explotaciones.

No obstante, esta mejora cuantitativa convive con desafíos de calado que obligan a una redefinición del modelo de negocio. El consejero de Agricultura del Gobierno de Canarias, Narvay Quintero, ha subrayado durante una visita a la bodega El Rebusco, en Candelaria, que la viña ya no puede entenderse bajo los parámetros tradicionales del secano. El incremento de las temperaturas y la alteración de los ciclos estacionales han convertido la instalación de sistemas de riego de apoyo en una necesidad técnica ineludible para garantizar la viabilidad de las hectáreas cultivadas.

En el plano fitosanitario, la administración regional ha confirmado la estabilización de la situación tras la detección de focos de filoxera en Tenerife el pasado año. Gracias a un protocolo de erradicación que ha incluido más de 12.000 prospecciones, las restricciones al movimiento de material vegetal se han flexibilizado al no haberse identificado nuevos brotes fuera de la zona afectada inicialmente.

Más allá de la coyuntura climática y sanitaria, el sector se enfrenta a una crisis de relevo generacional y a la atomización de las explotaciones. La rentabilidad se ha erigido como el principal obstáculo para la continuidad de la actividad agraria. En este sentido, el caso de El Rebusco, gestionado por Javier Luaces y Deborah Díaz, ilustra una tendencia hacia la profesionalización y la diversificación. El proyecto ha logrado integrar la producción vitivinícola con el enoturismo y la experimentación —como el envejecimiento de caldos bajo el mar—, transformando una finca que ha requerido años de inversión y saneamiento del suelo tras fallidos intentos de cultivo con variedades como la moscatel.

La finca de Candelaria, que este año ha comenzado a ofrecer sus primeros rendimientos significativos con 600 kilos de uva, sirve como termómetro de una apuesta a largo plazo. La meta de sus propietarios es alcanzar una producción de 5.000 kilos en las próximas campañas, un objetivo que, de cumplirse, validaría la estrategia de reconversión frente a la tendencia de abandono que afecta a las medianías del Valle de Güímar. La supervivencia del viñedo canario parece depender, en última instancia, de esta capacidad de las bodegas para transitar hacia estructuras empresariales capaces de absorber los costes operativos y adaptarse a un entorno climático cada vez más hostil.