
Candelaria recrea mediante tecnología de vanguardia la imagen original de su Virgen perdida en 1826
El Ayuntamiento de Candelaria y la Universidad de La Laguna presentarán el próximo 9 de noviembre una recreación técnica de la talla original de la Virgen de Candelaria, perdida en 1826, como un proyecto de recuperación patrimonial e histórica.
La recuperación de la memoria histórica en Canarias alcanza un hito técnico y patrimonial con la recreación de la talla original de la Virgen de Candelaria, una pieza que, según informa la prensa local, volverá a ser visible para el público el próximo 9 de noviembre. Este proyecto, impulsado por el Ayuntamiento de Candelaria y la Universidad de La Laguna (ULL), busca devolver la presencia física a una imagen que desapareció en 1826 tras una catástrofe natural sin precedentes en Tenerife.
El valor de esta iniciativa reside en su metodología, que fusiona la investigación académica con la tecnología de vanguardia. Bajo la dirección de la profesora Itahisa Pérez Conesa y con la ejecución técnica de Alejandro Hernández Pérez, el equipo ha logrado materializar un facsímil basado en un riguroso estudio historiográfico. Para ello, se emplearon mapas topográficos derivados de la iconografía de José Rodríguez de la Oliva, permitiendo modelar volúmenes que, posteriormente, fueron impresos en ácido poliláctico. Este núcleo moderno ha sido revestido mediante técnicas artesanales del siglo XVI, incluyendo estuco, dorado con pan de oro de 22 quilates y policromía al óleo, logrando una aproximación estética a la escultura que, durante siglos, fue el eje de la identidad archipielágica.
El contexto de esta reconstrucción es el bicentenario de una tragedia que marcó la historia insular. Tal y como documentan los archivos históricos, el temporal de noviembre de 1826 no solo provocó la pérdida de la talla original —arrastrada al mar tras el colapso de la capilla dominica—, sino que dejó un saldo devastador de 261 fallecidos y la destrucción de infraestructuras críticas en la isla. La desaparición de la imagen, que dio lugar al conocido refrán popular sobre su origen y destino marino, obligó a la comunidad a venerar temporalmente un óleo antes de la llegada de la actual escultura de Fernando Estévez, bendecida en 1830.
Desde una perspectiva académica, el trabajo ha sido validado por expertos del Instituto de Estudios Canarios y cuenta con el respaldo de la Universidad de Burgos, que publicó el análisis cronológico de Hernández Pérez en su revista especializada Sarmental. Es fundamental subrayar que, según las autoridades municipales, este proyecto no pretende alterar el culto actual ni desplazar a la imagen de Estévez. El propósito es estrictamente didáctico y patrimonial: ofrecer a la ciudadanía una herramienta material para comprender un símbolo que, a pesar de su desaparición física hace casi doscientos años, sigue siendo un pilar fundamental de la cultura canaria. La pieza, que ha contado con un presupuesto de ejecución de 4.300 euros, se integrará en la exposición conmemorativa que el municipio prepara para el mes de noviembre.