
El Padre Fray José Arenas dirige el Quinario al Señor de las Tribulaciones en Santa Cruz de Tenerife
El padre Fray José Arenas dirige el Quinario en honor al Señor de las Tribulaciones en Santa Cruz de Tenerife, destacando el auge de la religiosidad popular como refugio ante la incertidumbre global.
La actual coyuntura de incertidumbre global ha provocado un renovado interés por las manifestaciones de religiosidad popular en Canarias, un fenómeno que trasciende lo puramente litúrgico para convertirse en un refugio ante las crisis contemporáneas. Tal y como recoge la información publicada recientemente, el Padre Fray José Arenas ha retomado su vinculación con Tenerife al ser designado para dirigir el Quinario en honor al Señor de las Tribulaciones en la iglesia de San Francisco de Asís, en Santa Cruz.
Este ciclo de cultos, que se prolongará hasta el próximo viernes como preparación para la Cuaresma, pone el foco en una de las tallas con mayor carga histórica y social para la capital tinerfeña. La imagen del Ecce Homo, vinculada tradicionalmente a la superación de la epidemia de cólera de 1893, actúa como eje vertebrador de una devoción que los fieles trasladarán a las calles del barrio de El Toscal el próximo 31 de marzo, coincidiendo con el Martes Santo.
El regreso del religioso, quien desempeñó durante más de una década el cargo de rector en el Santuario del Cristo de La Laguna, aporta una lectura sociológica sobre el papel de la Iglesia en el siglo XXI. Según las declaraciones recogidas, el sacerdote vincula el incremento de la afluencia a los templos con una respuesta a la inestabilidad geopolítica y a las fracturas personales —como duelos o crisis familiares— que definen el malestar actual. Bajo esta perspectiva, la figura del Señor de las Tribulaciones deja de ser únicamente un referente histórico para convertirse en un símbolo de resiliencia frente a las nuevas formas de vulnerabilidad social.
La presencia de Arenas en este Quinario subraya la importancia de la continuidad en las tradiciones locales, al tiempo que evidencia cómo la fe, en sus vertientes más tradicionales, sigue operando como un mecanismo de cohesión comunitaria ante los desafíos de un entorno marcado por la confusión y la falta de certezas.