GES Canarias: Héroes del aire en rescates extremos.

GES Canarias: Héroes del aire en rescates extremos.

Recurso: El Día

El Grupo de Emergencias y Salvamento (GES) de Canarias realiza cientos de complejos rescates anuales en tierra y mar con helicópteros Bell 412 EP, enfrentando peligros y la imprudencia de algunos rescatados.

Las potentes corrientes de aire que generan los dos motores del helicóptero Bell 412 EP remueven todo lo que hay debajo, como un pequeño tornado. En el mar, forman círculos con brillos de arcoíris. El ruido es tan fuerte que hay que usar cascos para proteger los oídos.

En una mañana soleada y sin viento, el sol ilumina el verde que han dejado las lluvias en el norte y la nieve que cubre el Teide. Incluso con un tiempo tan perfecto, algo que no siempre ocurre, las maniobras son muy difíciles. Tienen que aterrizar en los lugares más empinados y quedarse quietos en el aire, como un pájaro que busca su presa, para poder hacer el rescate.

Para entender lo peligroso de su trabajo, basta con acompañar a los profesionales del Grupo de Emergencias y Salvamento (GES) del Gobierno canario en uno de sus simulacros semanales. Aunque entrenan mucho y tienen mucha experiencia, siempre surgen imprevistos: el viento fuerte en los barrancos, la falta de potencia por la altura, lo delicados que están los rescatados (que de repente se ven colgando de un cable de acero de hasta 75 metros en el aire hasta que los suben al helicóptero), la adrenalina...

El GES es uno de los equipos más importantes de los servicios de emergencia en Canarias. Tienen bases en todas las islas menos en Lanzarote y cuentan con 82 personas: 26 pilotos, 12 operadores de grúa, 26 rescatadores, 2 coordinadores aéreos, 12 mecánicos, 3 coordinadores y un jefe de servicio.

Desde la base de Tenerife, en La Guancha, Gabriel Pérez, un piloto y coordinador de 49 años de Gijón con experiencia en misiones militares en Líbano, explica por qué el GES es tan útil y necesario. Dice: «Usamos un helicóptero muy potente y adaptable que puede hacer rescates tanto en tierra como en el mar, en muchas situaciones diferentes. También ayudamos a apagar incendios, trasladamos material y personal, controlamos la contaminación y buscamos a personas desaparecidas, entre otras cosas».

Este helicóptero blanco y rojo también puede llegar muy rápido a los lugares más difíciles. Por ejemplo, en el entrenamiento de este reportaje, se movió entre las rocas de Los Silos y los acantilados cerca de la playa de San Marcos, en Icod. Si fueran por tierra o mar, tardarían horas; en helicóptero, no más de 20 minutos.

El Bell 412 EP (el de Tenerife se llama M-41) puede llevar hasta 15 personas y levantar 5.400 kilos. Está equipado con una grúa de rescate, botiquín, camilla, flotadores para el mar, un sistema para encontrar móviles, cámaras de visión infrarroja y normal que envían datos e imágenes en tiempo real, y hasta un helibalde, la bolsa para soltar agua en incendios.

Sobre el macizo de Teno, el helicóptero se queda suspendido a pocos centímetros de una roca para dejar a un rescatador. Es parte de un simulacro para subir una camilla. En ese momento, la comunicación entre los cinco miembros de la tripulación se vuelve muy intensa: los pilotos Gabriel Pérez y Hugo Asensio, los operadores de grúa y rescatadores Juan Ramón Alfonso y Michael del Castillo, y el rescatador Diego Ferrero. Por radio se escuchan frases como: «Metiendo gancho», «Comprobaciones. Solicito permiso para camilla. Le paso al rescatador el gancho. Preparado procedimiento camilla. Preparando gancho. Izquierda libre pero no meter la cola. Sacando rescatador a puerta. Bajando rescatador. 20 pies, 30... Mantén, derecha libre. Fluctúa mucho. Stop derecha. Rescatador en el suelo, mantén… Cola libre. Subiendo gancho. Lo tengo...». Solo ellos entienden este lenguaje tan específico.

Después de varias vueltas y con la camilla y el rescatador ya dentro, el helicóptero vuelve hacia la base de La Guancha. Más tranquilo, Hugo Asensio, un piloto tinerfeño de 49 años que trabajó con Gabriel Pérez en la unidad militar de helicópteros Belma VI en Los Rodeos y en una misión de paz en Líbano, avisa de unas palomas a la derecha y comenta que el tiempo es perfecto. «Mira esa casita de ahí», dice. «Es increíble cómo la construyeron en un barranco tan empinado».

En los rescates de verdad, no hay tiempo para relajarse ni un segundo. Hacen muchos a lo largo del año por todas las Islas Canarias. Por ejemplo, en el año 2025 que acaba de terminar, rescataron a 244 personas (201 en tierra y 45 en el mar), hicieron 328 servicios (212 rescates en tierra, 111 en el mar y 5 intervenciones en incendios) y volaron 411 horas.

Aunque dependen de la Dirección General de Emergencias del Gobierno de Canarias, estos helicópteros salvavidas pertenecen a una empresa privada, Pegasus Aviación. El Gobierno regional les paga 10,5 millones de euros al año. El contrato actual termina en 2027 y, aunque el Gobierno está contento con los resultados, aún hay cosas que mejorar.

Está claro que arriesgan su vida por vocación. Esto se ve en cada entrenamiento, donde siguen los protocolos al pie de la letra. Cada simulacro necesita un plan de vuelo, revisar el equipo, coordinarse con el aeropuerto Tenerife Norte y el 112, y un control muy estricto de la seguridad. Esto es aún más importante cuando un periodista y un fotógrafo los acompañan para mostrar su trabajo: hay que seguir las instrucciones de la tripulación, salir hacia delante lejos de los rotores, cubrirse los ojos y sujetar todo lo que se lleva al arrancar los motores, abrocharse bien el cinturón y los arneses de seguridad, y saber dónde están las salidas de emergencia y el botiquín.

Durante la reunión previa, Gabriel Pérez y Hugo Asensio insisten en la importancia de la formación continua. Dicen: «Como son operaciones tan exigentes, los equipos deben estar siempre listos y muy coordinados. Esto se consigue con entrenamientos constantes. Cada uno tiene su función, pero todos deben conocer las funciones de los demás». Añaden: «Cada segundo cuenta, pero hay que actuar con calma porque lo más importante es la seguridad, tanto de las personas rescatadas como de los rescatadores».

Por eso estudian todas las situaciones posibles, simulando los diferentes pasos del protocolo: rojo 1 (la primera llamada), rojo 2 (el inicio del operativo), rojo 3 (la llegada y evaluación de la zona), rojo 4 (encontrar a la persona y rescatarla), y rojo 5 (el regreso a la base). Además, las normas exigen que cada miembro descanse 20 minutos por cada hora de vuelo.

Las misiones son muy variadas: rescatan a senderistas heridos o perdidos en zonas peligrosas, parapentistas, ciclistas, buscan desaparecidos, apagan incendios, trasladan material sanitario (como durante la COVID)... En el mar, suben con la grúa a surfistas, pescadores, turistas arrastrados por una ola fuerte...

Hay rescates que nunca olvidarán, especialmente si hay menores implicados. Aunque se repitan, siempre dejan una sensación de tristeza. Por ejemplo, lo que pasó en Rojas (El Sauzal) en 2024, cuando una ola arrastró a un niño y a su padre. Asensio recuerda: «Cuando llegamos, vimos el cuerpo del padre flotando y al hijo pidiendo ayuda. Fuimos a por el niño, pero al padre no lo volvimos a ver».

Juan Ramón Alfonso, operador de grúa y rescatador tinerfeño de 43 años con 14 años en el GES, destaca que la empatía es clave en esos momentos difíciles. Explica: «La persona afectada sale un día a disfrutar, se ve envuelta en un accidente y de repente la están subiendo en un cable a un helicóptero, en una situación de mucho estrés y a veces dolor». La ventaja, según él, es que «hay tanta adrenalina que, por lo general, la persona solo quiere salir de ahí como sea». «¿Cuándo surgen los problemas? Cuando la persona aún tiene fuerzas y está consciente. A veces hay que negociar, como cuando un surfista quiere salvar su tabla. Y eso no es posible».

Michael del Castillo, rescatador y operador tinerfeño de 41 años con 11 años en el GES, recuerda las frases que más usan en esos momentos. Dice: «Siempre sentirán el apoyo del rescatador. Les decimos: ‘Tranquilo’, ‘ya estás a salvo’, ‘todo va a salir bien’. No entienden del todo lo que pasa, pero nosotros estamos ahí para darles calma y seguridad».

Diego Ferreiro, otro rescatador canario del grupo (37 años, 11 en el GES), aclara que «hay de todo». «Hay quienes se dejan ayudar, otros a los que les dices que no toquen algo y lo tocan, algunos se desmoronan y lloran, otros se quedan callados... Nunca sabes cómo van a reaccionar».

El helicóptero despega de nuevo para el entrenamiento en el mar. Consume siete litros por minuto de jet A-1, el mismo combustible de los aviones, y cada litro cuesta entre 0,5 y 0,8 euros. Bajan a Diego Ferreiro con el cable de la grúa, esta vez con traje de neopreno, cerca de los acantilados de Icod. Las olas rompen con fuerza. Un pescador solitario, con su caña, mira asombrado desde su barca. Michael del Castillo baja para ‘rescatarlo’, guiado por Juan Ramón Alfonso, que maneja la grúa. Gabriel Pérez no tiene ni un momento libre: con los pies controla los pedales (para mover la parte delantera del helicóptero), con la mano derecha el mando cíclico (para la dirección) y con la izquierda el colectivo (para la potencia y la altura).

Una anécdota que los miembros del GES cuentan a menudo es cuando la persona rescatada (sobre todo turistas extranjeros) se frota el pulgar con el índice, haciendo el gesto de dinero. A esa persona le preocupa, a veces más que su propia seguridad, cuánto le costará el rescate. Esto demuestra que muchos saben que en las Islas hay que pagar si el rescate se debe a una imprudencia.

Los precios de este coste (2.000 euros por hora de helicóptero, 36 euros por hora de rescatador) muestran lo caro que es cada misión. Pero no es solo el dinero; es el riesgo al que se exponen estos socorristas. Hay muchos casos causados por imprudencias. Sin ir más lejos, el 8 de diciembre, unos turistas se saltaron las vallas de prohibición y entraron a una piscina natural en Santiago del Teide, a pesar de la alerta por fuerte oleaje. Murieron cuatro personas. El GES estuvo allí.