El bicentenario del gran temporal de 1826 revive el misterio sobre la imagen original de la Virgen de Candelaria

El bicentenario del gran temporal de 1826 revive el misterio sobre la imagen original de la Virgen de Candelaria

Recurso: Diario de Avisos

El bicentenario del devastador temporal de 1826 en Canarias reaviva el debate histórico sobre la posible supervivencia de la talla original de la Virgen de Candelaria en Adeje tras su supuesta desaparición en el mar.

El próximo mes de noviembre se cumplen dos siglos de uno de los episodios meteorológicos más devastadores en la historia de Canarias, un temporal que, entre el 7 y el 9 de noviembre de 1826, alteró para siempre el patrimonio cultural y la demografía del archipiélago. Tal y como recoge la investigación de Doris Martínez Ferrero publicada en La Prensa, este desastre no solo dejó una huella imborrable en la memoria colectiva por la pérdida de vidas humanas y la destrucción de infraestructuras, sino que también reabrió un debate histórico sobre la autenticidad de la imagen de la Virgen de Candelaria.

El impacto del aluvión fue especialmente severo en el norte de Tenerife. Los registros de la época, entre los que destaca el testimonio del comerciante británico Alfred Diston, documentan una cifra de fallecidos que superó las 235 personas solo en el Valle de La Orotava, además de decenas de víctimas en municipios como La Guancha y San Juan de la Rambla. La virulencia del oleaje, que penetró en el convento dominico de Candelaria, provocó la desaparición definitiva de la talla original de la Virgen, un suceso que marcó un antes y un después en la religiosidad insular y que obligó a encargar, años más tarde, la actual imagen al escultor Fernando Estévez.

Sin embargo, la desaparición de la pieza original ha alimentado durante décadas una persistente teoría conspirativa. Existe la sospecha de que la talla que se perdió en el mar no era la primigenia, sino una réplica encargada en el siglo XVII por el marquesado de Adeje. Según esta hipótesis, la imagen original habría sido trasladada a la iglesia de Santa Úrsula de Adeje durante un préstamo para su copia, quedando allí custodiada desde entonces. Aunque los expertos, como el doctor Trujillo Rodríguez, sitúan el traslado del retablo original a Adeje en 1681 —coincidiendo con la presencia de una réplica en los inventarios de 1684—, la negativa histórica de las autoridades de Adeje a ceder su imagen para las conmemoraciones en Candelaria ha mantenido viva la duda.

La controversia se sustenta en las descripciones de Fray Alonso de Espinosa, quien en su crónica de 1594 detallaba rasgos físicos de la talla, como el color del cabello, que difieren notablemente de la iconografía de la actual Virgen morena. La persistencia de este enigma, sumada a la existencia de letreros en el ropaje de la imagen de Adeje que aún no han sido descifrados, plantea una oportunidad científica: la aplicación de métodos modernos de datación sobre la pieza conservada en el sur de la isla permitiría, finalmente, esclarecer si el patrimonio religioso de Canarias guarda un secreto de cuatro siglos o si, por el contrario, la historia ha sido objeto de una interpretación errónea alimentada por la incertidumbre de aquel fatídico noviembre de 1826.