
Canarias invierte 1.800 millones en modernizar su red eléctrica para impulsar la descarbonización
Red Eléctrica ha invertido 1.800 millones de euros desde 2011 para modernizar y digitalizar la red eléctrica canaria, logrando una disponibilidad superior al 98 % y facilitando la integración de energías renovables en el archipiélago.
La modernización del sistema eléctrico canario ha dejado de ser una promesa para convertirse en un factor determinante de su estabilidad económica y social. Según los datos difundidos recientemente por Red Eléctrica, la filial de Redeia, el archipiélago ha consolidado una inversión de 1.800 millones de euros desde 2011, una cifra que marca un punto de inflexión en la gestión de un territorio caracterizado por su fragmentación y aislamiento energético.
Este despliegue de capital no solo ha permitido alcanzar una disponibilidad de red superior al 98 %, equiparando los estándares de calidad insulares a los de la Península, sino que ha servido para reconfigurar la arquitectura técnica de las islas. El reto, que trasciende la mera construcción de infraestructuras, se ha centrado en dotar a los ocho sistemas eléctricos aislados de una mayor resiliencia. En este sentido, la apuesta por la digitalización y la monitorización dinámica de líneas (DLR) ha permitido optimizar la capacidad de transporte, un avance técnico que resulta vital para la integración de fuentes de energía no gestionables.
El impacto de esta planificación es ya cuantificable en el mix energético regional. La potencia instalada de origen renovable ha experimentado un crecimiento notable, pasando del 23 % en 2021 a cerca del 30 % en 2025 —cifra que asciende al 32 % si se contabiliza el autoconsumo—. Asimismo, la cobertura de la demanda mediante estas fuentes ha escalado desde el 19,9 % hasta el 20,9 % en el mismo periodo, alcanzando el 22,5 % al incluir el autoconsumo. Estos indicadores subrayan que la red de transporte actúa como el eje vertebrador necesario para que la descarbonización sea técnicamente viable.
La estrategia de despliegue ha sido capilar, alcanzando todas las islas con proyectos de distinta envergadura. En la provincia de Las Palmas, la interconexión entre Lanzarote y Fuerteventura, reforzada por el nuevo eje de 132 kV y tecnologías de estabilidad como el compensador síncrono de Jares y el proyecto ViSync, ha permitido una gestión más eficiente de los recursos. Paralelamente, en Gran Canaria, el foco se ha puesto en el mallado del sur, con actuaciones clave como la línea Barranco de Tirajana-Santa Águeda y la central de bombeo de Salto de Chira, una infraestructura estratégica para el almacenamiento energético.
Por su parte, en la provincia de Santa Cruz de Tenerife, la conectividad ha dado un salto cualitativo con el enlace submarino entre Tenerife y La Gomera, mediante un doble circuito de 66 kV entre Chío y El Palmar. Estas actuaciones se complementan con el refuerzo del eje de El Rosario y la subestación Buenos Aires de 220 kV. En La Palma, la planificación contempla una inversión adicional de 20,2 millones de euros destinada a la creación de un anillo eléctrico de 66 kV en el sur, una obra que busca blindar la seguridad del suministro y facilitar la entrada de nueva generación limpia.
En última instancia, la experiencia canaria demuestra que la transición hacia un modelo energético sostenible no depende exclusivamente de la capacidad de generación, sino de la robustez de una red capaz de gestionar la intermitencia y garantizar el equilibrio entre oferta y demanda. Con proyectos futuros ya en el horizonte, como el almacenamiento previsto en Güímar, el archipiélago se posiciona como un laboratorio de referencia en la gestión de sistemas insulares complejos.