
Inician un programa pionero de cultivo de sebadales en Tenerife para regenerar los ecosistemas marinos de Canarias
La organización Innoceana ha iniciado un programa pionero de cultivo controlado de Cymodocea nodosa en Tenerife para restaurar los sebadales canarios, cuya superficie se ha reducido a la mitad en las últimas décadas debido a la presión humana.
La recuperación de los ecosistemas marinos en Canarias ha dado un paso técnico de gran relevancia con el inicio de un programa de cultivo controlado de Cymodocea nodosa, más conocida como sebadal. Según ha trascendido recientemente, la organización Innoceana, en coordinación con el Cabildo de Tenerife y bajo el aval del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO), ha logrado completar la fase inicial de recolección de semillas en el sur de la isla, un hito que busca revertir el retroceso histórico de estas praderas submarinas.
Este esfuerzo científico, que cuenta con el respaldo técnico del Grupo de Fisiología y Biotecnología de Vegetales Marinos de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, traslada al laboratorio una labor de regeneración que hasta ahora se limitaba a la observación. La metodología empleada, que se nutre de cuatro décadas de experiencia académica en la propagación de flora marina, ha permitido extraer material genético de las bahías de El Médano y La Jaquita. La selección de estos enclaves responde a criterios de sostenibilidad, garantizando que la extracción no comprometa la viabilidad de las colonias donantes, un requisito indispensable para cumplir con la normativa ambiental vigente.
El proceso se encuentra ahora en una etapa crítica: la germinación controlada. Si los protocolos de cultivo arrojan los resultados esperados, las plántulas resultantes podrían ser trasplantadas al medio natural en un plazo aproximado de tres meses. Este proyecto no es una iniciativa aislada, sino la culminación de ocho años de trabajo de campo, seguimiento científico y sensibilización ciudadana liderados por Innoceana, que ha involucrado a más de un centenar de personas en la protección de este patrimonio natural.
La urgencia de esta intervención se justifica por el estado de los fondos marinos del archipiélago, que han visto reducida su superficie de sebadales a menos de la mitad en las últimas décadas. Más allá de su valor estético, estas plantas desempeñan funciones ecosistémicas críticas: actúan como sumideros de carbono, estabilizan los sedimentos arenosos y funcionan como áreas de cría para diversas especies, lo que las convierte en una barrera natural frente a los efectos del cambio climático.
No obstante, los responsables del proyecto advierten que la restauración biológica es insuficiente si no se corrigen las presiones antropogénicas que han provocado el declive. La proliferación de vertidos, la presión urbanística sobre el litoral y, muy especialmente, el fondeo incontrolado de embarcaciones, siguen siendo los principales factores de degradación. Por tanto, la viabilidad de este "banco de semillas" marino no solo depende de la pericia técnica en el laboratorio, sino de una gestión integral del litoral que garantice que, una vez devueltas al mar, las plantas encuentren un entorno capaz de sostener su crecimiento a largo plazo.