
Canarias, en alerta por niveles de radiación ultravioleta de riesgo extremo hasta el 17 de julio
El archipiélago canario se mantiene en alerta por niveles de radiación ultravioleta de riesgo muy alto a extremo hasta el próximo 17 de julio, instando a la población a extremar las medidas de fotoprotección y evitar la exposición directa en las horas centrales del día.
La combinación de una orografía compleja y las condiciones meteorológicas actuales ha situado al archipiélago canario bajo una alerta de salud pública de primer orden. Tal y como recogen los datos facilitados por la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) y el Plan de Actuaciones Preventivas frente a la Radiación Ultravioleta de la Consejería de Sanidad, las islas atraviesan un episodio de radiación solar con niveles que oscilan entre el riesgo muy alto y el extremo, una situación que se prolongará hasta el próximo 17 de julio.
El análisis de los índices ultravioleta revela una distribución geográfica desigual pero preocupante. En Tenerife, la atención se centra en Vilaflor de Chasna y Santiago del Teide, los únicos puntos de la isla que alcanzan el nivel extremo, mientras que el resto del territorio insular se mantiene en un escalón de riesgo muy alto. Esta misma tónica se replica en otras islas: mientras que en Gran Canaria la mayoría de los municipios se encuentran en el nivel máximo de alerta —con la excepción de Gáldar, Agaete y La Aldea de San Nicolás—, en La Palma, El Hierro, La Gomera y Fuerteventura, el riesgo extremo se localiza en puntos específicos como Tijarafe, Puntagorda, El Paso, Barlovento, El Pinar, Valverde, Alajeró y Betancuria. Lanzarote y La Graciosa, por su parte, se mantienen en niveles de riesgo muy alto.
Desde una perspectiva clínica, este fenómeno no debe subestimarse. La radiación ultravioleta, al incidir sobre la superficie terrestre, actúa como un agente agresor que, en niveles elevados, reduce drásticamente el tiempo de tolerancia cutánea. Es fundamental desterrar la falsa sensación de seguridad que proporcionan los días nublados; la nubosidad atenúa la percepción térmica, pero no bloquea la radiación, que además puede verse amplificada por el efecto de reflexión en superficies como la arena, la espuma marina o los pavimentos claros.
La Dirección General de Salud Pública insiste en que la prevención es la única herramienta eficaz para mitigar daños tanto inmediatos —como quemaduras, fotoconjuntivitis o irritaciones oculares— como crónicos, entre los que destacan el envejecimiento prematuro, las patologías degenerativas oculares y el incremento de la incidencia de carcinomas cutáneos. La recomendación técnica es taxativa: evitar la exposición directa entre las 11:00 y las 18:00 horas. En caso de actividad al aire libre, el uso de fotoprotectores con factor 50 o superior, renovados cada dos horas, debe complementarse con barreras físicas como sombreros de ala ancha, gafas homologadas y vestimenta adecuada.
Este protocolo de protección no debe restringirse únicamente a entornos de playa o costa. La práctica deportiva, los desplazamientos urbanos, las rutas de montaña y las jornadas laborales a la intemperie exigen una vigilancia constante, especialmente en colectivos vulnerables como menores, personas mayores, pacientes bajo tratamientos fotosensibilizantes o aquellos con antecedentes de lesiones en la piel. La gestión de este riesgo, por tanto, requiere una concienciación que trascienda el ocio estival y se integre en la rutina diaria durante todo el periodo de alta intensidad solar.