
Canarias se prepara para una alerta por radiación ultravioleta extrema entre el 10 y el 14 de agosto
Canarias se encuentra en alerta por niveles extremos de radiación ultravioleta entre el 10 y el 14 de agosto, advirtiendo las autoridades que la nubosidad no reduce el riesgo de daño cutáneo y ocular.
Tal y como recogen los últimos informes meteorológicos, el archipiélago canario se prepara para afrontar una ventana de alta peligrosidad por exposición solar entre el 10 y el 14 de agosto. Este fenómeno, que afecta a la práctica totalidad de las islas, pone de manifiesto un error de percepción común entre la población: la falsa sensación de seguridad que genera la nubosidad. La radiación ultravioleta (UVA y UVB) posee una capacidad de penetración que permite atravesar las capas de nubes, lo que significa que, aunque la temperatura ambiental sea más moderada o el sol no sea visible, el daño potencial sobre la piel y la salud ocular permanece intacto.
La situación geográfica de Canarias, sumada a la altitud en determinadas zonas, intensifica estos niveles de riesgo. En Tenerife, la alerta se extiende a todos sus municipios, con una mención específica para Vilaflor de Chasna, donde los índices alcanzarán el rango de extremo. Un escenario similar se observa en La Gomera, con Alajeró en nivel máximo, y en El Hierro, donde El Pinar se sitúa en la misma categoría de riesgo, mientras que Frontera y Valverde se mantienen en un escalón de alerta muy alto.
Gran Canaria presenta el panorama más complejo de la región, con una incidencia extrema que impactará en Artenara, Tejeda, San Bartolomé de Tirajana, Santa Lucía de Tirajana, Vega de San Mateo, Valleseco y Teror, mientras que el resto de la isla se mantendrá en niveles muy altos. Por su parte, La Palma, Fuerteventura, Lanzarote y La Graciosa completan el mapa con una previsión de riesgo muy alto durante el periodo mencionado.
Desde una perspectiva de salud pública, los expertos insisten en que la mitigación del calor no debe confundirse con la ausencia de radiación. La fotoprotección —mediante el uso de cremas de amplio espectro, gafas homologadas y prendas que cubran la cabeza— resulta innegociable, especialmente en las franjas horarias centrales del día. Este protocolo de prevención cobra una relevancia crítica en colectivos vulnerables, como menores y personas de edad avanzada, así como en trabajadores que desempeñan sus funciones a la intemperie, quienes deben extremar las precauciones ante una amenaza invisible que, lejos de disiparse con la nubosidad, requiere una vigilancia constante.