
Las librerías de proximidad en Canarias, en riesgo de extinción por la presión inmobiliaria y la digitalización
Las librerías de proximidad en Canarias enfrentan una crisis estructural marcada por la digitalización, la gentrificación y la falta de apoyo institucional, lo que amenaza la supervivencia de estos espacios culturales frente a las grandes cadenas.
El ecosistema del comercio cultural en Canarias atraviesa una transformación estructural que amenaza la supervivencia de las librerías de proximidad, un fenómeno que, según informaciones recientes publicadas por medios locales, pone en evidencia la fragilidad de estos establecimientos frente a la digitalización y la presión inmobiliaria. La lectura, aunque mantiene cifras de penetración estables —con un 66,2% de la población española declarándose lectora por ocio según el último Barómetro de Hábitos de Lectura—, ha dejado de ser un salvavidas para el pequeño negocio, que ve cómo su cuota de mercado retrocede un 4% mientras las grandes cadenas de distribución experimentan un crecimiento del 3%.
Esta disparidad no es casual. La digitalización de la enseñanza, ejemplificada en la trayectoria de la Librería Lemus en Tenerife, ilustra un cambio de paradigma: la obsolescencia del libro de texto físico ante la hegemonía de los buscadores y la inteligencia artificial ha forzado el cierre de locales históricos, sustituidos en ocasiones por establecimientos de gran consumo. A esta realidad se suma el impacto de la gentrificación, que ha provocado la desaparición de referentes como La Isla Libros y mantiene en una situación de incertidumbre a espacios como Solican, cuya continuidad está condicionada por la finalización de su contrato de arrendamiento en 2026.
La respuesta de los libreros ante este escenario es una diversificación forzosa. Profesionales del sector, como Mase Legarza o Ana González, coinciden en que la gestión de una librería independiente hoy exige una hiperactividad constante: desde la organización de clubes de lectura y cursos hasta la incorporación de artículos de papelería y regalo para compensar los estrechos márgenes del libro. Este esfuerzo, sin embargo, se ve lastrado por la falta de un marco de protección institucional. Remedios Sosa, al frente de la Asociación de Libreros de Tenerife, advierte que la ausencia de relevo generacional y el desamparo administrativo ante el encarecimiento de los alquileres están vaciando los centros urbanos de espacios de pensamiento crítico.
La paradoja es evidente: mientras el sector se esfuerza por profesionalizar su oferta y adaptarse a un mercado dominado por algoritmos y multinacionales, el precio del libro se sitúa en una posición de vulnerabilidad extrema, compitiendo directamente con los gastos básicos de los hogares. La supervivencia de estas librerías no solo depende de su capacidad de adaptación, sino de una voluntad política que reconozca el valor social de estos puntos de encuentro, cuya desaparición, según advierten los propios libreros, supone una pérdida irreparable para la calidad democrática y cultural del país.