El gofio canario: récord de producción frente a la caída del consumo doméstico

El gofio canario: récord de producción frente a la caída del consumo doméstico

Recurso: El Día

La producción de gofio en Canarias ha crecido un 18,7% en la última década gracias a la exportación, pero su consumo en los hogares locales cae drásticamente debido a los cambios en los hábitos alimentarios.

La pervivencia del gofio en la dieta cotidiana de las islas atraviesa una paradoja estadística: mientras la producción industrial y artesanal ha experimentado un crecimiento sostenido durante la última década, su presencia real en los hogares canarios se ha visto drásticamente reducida. Tal y como recoge un reciente informe sobre la situación de los molinos tradicionales en San Cristóbal de La Laguna, el sector ha pasado de generar 5,68 millones de kilos en 2014 a alcanzar los 6,74 millones en 2024, lo que supone un incremento del 18,7% en el volumen total de producción.

Este fenómeno, sin embargo, oculta una realidad más compleja. Los maestros molineros advierten que el aumento en las cifras de fabricación —impulsado en parte por la exportación, que absorbió 1,7 millones de kilos el pasado año— no se traduce en un consumo doméstico equivalente. La transición en los hábitos de compra es evidente: si antaño las familias adquirían el producto en grandes cantidades, hoy la demanda se ha atomizado, limitándose a formatos de un solo kilogramo. Este cambio de paradigma, que los productores vinculan directamente con la irrupción de la bollería industrial y el desplazamiento de los productos tradicionales en la alimentación infantil, pone en riesgo la viabilidad de un oficio centenario.

En el municipio lagunero, epicentro de esta actividad, la resistencia de las familias molineras se manifiesta en la conservación de instalaciones con más de un siglo de historia. Negocios como ‘La Molineta’, fundado en 1866, o el molino de ‘Las Mercedes’, operativo desde 1942, ejemplifican la lucha por preservar una técnica basada en el tueste y la molienda en piedra. La importancia de estos enclaves trasciende lo puramente alimentario; durante la posguerra, estos establecimientos fueron pilares fundamentales para la subsistencia de la población local, un legado que hoy se intenta proteger mediante iniciativas de divulgación escolar y el reconocimiento institucional, como el reciente material audiovisual promovido por el Ayuntamiento de La Laguna.

A pesar de que en el archipiélago operan actualmente 37 molinos, de los cuales 11 se encuentran en Tenerife, el sector reclama una mayor implicación institucional. Los productores sostienen que el gofio, como elemento identitario de primer orden, requiere de estrategias de promoción turística y cultural más ambiciosas que permitan revertir la pérdida de vínculo generacional. La brecha entre la capacidad productiva y el consumo real es, en última instancia, el reflejo de una transformación nutricional que amenaza con convertir un alimento esencial en un producto residual si no se logra reconectar a las nuevas generaciones con sus raíces gastronómicas.