El racismo empaña el fútbol canario y desprotege a jugadores migrantes

El racismo empaña el fútbol canario y desprotege a jugadores migrantes

Recurso: El Día

El fútbol canario, especialmente en Tenerife, se enfrenta a una creciente preocupación por los incidentes racistas contra futbolistas migrantes, mientras iniciativas como el Campus Sansofé promueven la integración y el juego limpio.

El fútbol español, y en particular el canario, se enfrenta a una creciente preocupación por los incidentes racistas que empañan la esencia del deporte. Según adelanta una información local, la realidad de los campos de juego en Tenerife revela una situación de desprotección para muchos futbolistas, especialmente aquellos de origen migrante, en un contexto donde las islas son un punto clave de llegada para la migración irregular. Esta problemática se suma a los casos de alto perfil que han resonado en las grandes ligas europeas, como las denuncias de Omar El Hilali por expresiones xenófobas vinculadas a la migración, o los repetidos insultos racistas dirigidos a Vinicius Junior en partidos de Champions League, que han activado protocolos internacionales.

En las categorías inferiores de Tenerife, la situación es igualmente alarmante. Mbaye Senn, jugador senegalés del Atlético Victoria, fue sancionado con cuatro partidos tras reaccionar a insultos relacionados con su origen. El futbolista ha expresado la recurrencia de estas agresiones verbales, que incluyen referencias a su raza y a la migración irregular. De manera similar, Bobou Dioumassy, un joven maliense con cinco años de trayectoria en equipos del norte de Tenerife, ha relatado haber sido objeto de amenazas y descalificaciones constantes, como "negro de mierda" o "vete a coger plátanos", lamentando la impotencia ante estas situaciones. Daniel González, entrenador del Florida CF, corrobora la frecuencia de estos episodios, señalando que sus jugadores racializados sufren insultos y amenazas desde las gradas de forma habitual, a pesar de la intervención de los árbitros.

Frente a este panorama, la sociedad civil ha impulsado iniciativas de integración. El Campus Sansofé, cuyo nombre significa "bienvenido" en amazigh, es un proyecto local surgido de la Universidad de La Laguna (ULL). Coordinado por el docente jubilado Miguel Llorca, el campus nació de la necesidad de ofrecer un espacio de apoyo y adaptación a personas migrantes, utilizando el fútbol como herramienta. Desde su creación, más de 2.000 personas, incluyendo menores de centros de acogida y del Campamento de Las Raíces, han participado en sus actividades. El proyecto ha logrado que más de 35 jóvenes den el salto a equipos federados, facilitando no solo la práctica deportiva, sino también el aprendizaje del español y la creación de redes de apoyo.

El Campus Sansofé cuenta con el respaldo de la ULL y la Fundación Canaria CD Tenerife, lo que les permite disponer de equipaciones e instalaciones adecuadas. Además, han ampliado su oferta deportiva a baloncesto y atletismo gracias a colaboraciones con entidades como el CB Canarias y el Club Atletismo Aguere. A pesar de su enfoque inclusivo, el campus no está exento de incidentes racistas en sus encuentros amistosos. Sin embargo, su protocolo interno establece la interrupción o suspensión de los partidos y la mediación colectiva para resolver las diferencias, enfatizando la intolerancia hacia las actitudes discriminatorias.

El Comité Técnico de Árbitros (CTA) dispone de un Protocolo de Actuación Efectiva que define la violencia verbal, incluyendo insultos y expresiones discriminatorias reiteradas, y establece un procedimiento escalonado: detención del partido con advertencia al público, suspensión temporal con retirada de equipos a vestuarios si persiste, y suspensión definitiva si los autores no son expulsados o los hechos se repiten. En el Campus Sansofé, se han implementado mecanismos adicionales, como un sistema de puntuación que valora el juego limpio (tres puntos por el resultado y tres por el número de tarjetas), y se realizan charlas preventivas en centros educativos.

Lamin, un joven gambiano que lleva dos años en el campus y actúa como traductor, encarna la esperanza de esta iniciativa. Consciente de los incidentes mediáticos, su postura es firme: "Algunos hemos sufrido mucho para llegar aquí y todos somos iguales. Todos somos personas y todos deberíamos divertirnos jugando al fútbol. De donde vengamos no debería ser ningún problema para poder jugar a fútbol". Su mensaje a sus compañeros es un llamado a la perseverancia: "Sigan luchando. El fútbol es bonito, pero a veces no es fácil, y menos para nosotros. No se rindan, sigan luchando y algún día jugaremos todos juntos".