
Lourdes Toledo revoluciona la enseñanza del folclore en Tenerife mediante la digitalización y la integración social
Lourdes Toledo, galardonada con el premio a la Trayectoria Especial 2026, lidera un modelo de enseñanza folclórica en el norte de Tenerife que integra la cultura popular contemporánea para asegurar el relevo generacional y la cohesión social.
La preservación del patrimonio inmaterial en Canarias atraviesa un momento de transformación, donde la pedagogía tradicional se enfrenta al reto de la digitalización y el relevo generacional. Tal y como recoge la información publicada recientemente sobre la trayectoria de Lourdes Toledo, la labor de las escuelas de folclore en el norte de Tenerife ha dejado de ser un mero ejercicio de conservación para convertirse en un modelo de integración social y adaptación cultural.
Toledo, quien ha sido distinguida con el premio a la Trayectoria Especial 2026 en la Gala Tradición&Folklore, encabeza actualmente la gestión de tres centros formativos en Icod de los Vinos, El Tanque y Garachico. Su metodología, desarrollada en colaboración con Danny Martínez desde 2009, destaca por una estrategia de captación que utiliza referentes de la cultura popular contemporánea —desde bandas sonoras de series hasta éxitos cinematográficos— como puente para introducir al alumnado en la técnica instrumental y la rítmica tradicional. Este enfoque responde a una necesidad imperativa: competir con los estímulos inmediatos de las plataformas digitales para asegurar la continuidad de las raíces musicales del archipiélago.
La estructura académica que coordina Toledo abarca a más de 200 estudiantes, con una distribución que alcanza los 140 alumnos en Icod de los Vinos, 40 en Garachico y 30 en El Tanque. La diversidad del alumnado, que incluye tanto a menores de edad como a personas mayores y ciudadanos de diversas nacionalidades, subraya el papel del folclore como elemento de cohesión social. En este sentido, la directora enfatiza la importancia de la implicación familiar en el proceso educativo, advirtiendo contra la presión excesiva que, en ocasiones, puede resultar contraproducente para el interés de los más jóvenes.
El valor de estas instituciones trasciende la técnica musical. La experiencia de Toledo, que comenzó su formación a los diez años bajo la tutela de Agustín Aguiar, refleja la evolución de un sistema que ha pasado de la transmisión oral informal —caracterizada por las parrandas espontáneas en espacios públicos— a una enseñanza institucionalizada y reglada. Este cambio de paradigma permite hoy que perfiles tan diversos como el de un octogenario que retoma su aprendizaje musical o el de un niño que se inicia en la danza, converjan en un mismo espacio de aprendizaje.
La labor de Toledo no solo garantiza la supervivencia de instrumentos como el timple, el laúd o la bandurria, sino que también pone de relieve la influencia histórica de los ritmos americanos en la identidad sonora canaria. En un contexto donde la cultura popular corre el riesgo de quedar relegada a un segundo plano, la gestión de estas escuelas demuestra que la vigencia de las tradiciones depende, en última instancia, de la capacidad de los docentes para conectar el legado histórico con las inquietudes de la sociedad actual.