
El estrés hídrico pone en jaque la sostenibilidad del modelo socioeconómico de Canarias
Un informe de la Fundación Renovables alerta de que el estrés hídrico estructural en Canarias, agravado por la sobreexplotación de acuíferos y la ineficiencia de las redes, exige una transición urgente hacia un modelo basado en la sostenibilidad y el ahorro frente a la actual demanda turística y agrícola.
La sostenibilidad del modelo socioeconómico canario se encuentra en una encrucijada crítica debido a la gestión de sus recursos hídricos. Tal y como recoge un reciente informe de la Fundación Renovables, el Archipiélago atraviesa un periodo de estrés hídrico estructural, una situación agravada por la convergencia entre el cambio climático y un sistema productivo que demanda volúmenes de agua muy superiores a la capacidad de regeneración natural de las islas.
El análisis pone el foco en la vulnerabilidad de las reservas subterráneas, especialmente en Tenerife, donde las cuatro masas de agua principales operan bajo un régimen de sobreexplotación que supera los umbrales de sostenibilidad técnica. Esta descompensación entre la extracción y la recarga natural se ve intensificada por una meteorología cada vez más errática, que ha reducido la reposición de los acuíferos del 36% al 29% en las últimas décadas. Ante este escenario, la dependencia de la desalación se ha consolidado como una medida de emergencia, aunque esta solución conlleva una elevada factura energética y una mayor huella de carbono si no se desvincula de los combustibles fósiles.
El sector primario sigue siendo el mayor consumidor de agua en las islas, concentrando cerca de la mitad del uso total, con picos de hasta el 87% en La Palma. En Tenerife, la presión se localiza en el sur y suroeste, donde municipios como Guía de Isora y Arona registran las mayores demandas para el regadío intensivo, fundamentalmente vinculado al cultivo del plátano. No obstante, el informe subraya que el crecimiento demográfico y la actividad turística actúan como factores multiplicadores de esta tensión. La disparidad en el consumo es notable: mientras un residente utiliza una media de 150 litros diarios, un visitante en un establecimiento de alta categoría puede alcanzar un gasto de hasta 1.000 litros por noche.
Más allá del uso directo en instalaciones recreativas, el estudio advierte sobre el impacto indirecto del turismo, que representa el 80% de su huella hídrica global, incluyendo la producción agrícola destinada al sector y el funcionamiento de servicios auxiliares como lavanderías industriales. Esta presión se ve exacerbada por una ineficiencia estructural en las redes de distribución. Según datos de la Universidad de La Laguna integrados en el informe, las pérdidas en el transporte de agua son alarmantes: Lanzarote supera el 60% de agua no facturada, mientras que en Tenerife las estimaciones oficiales sitúan la pérdida en un 28%, aunque fuentes especializadas elevan este porcentaje hasta el 60% en determinados sectores debido al estado de las conducciones.
Ante este panorama, la Fundación Renovables aboga por un giro radical en la política hídrica. La propuesta pasa por abandonar la lógica de incrementar la oferta y transitar hacia un modelo basado en la eficiencia, la reutilización y el ahorro. Entre las medidas sugeridas destaca la necesidad de establecer límites de carga hídrica vinculados a la concesión de licencias turísticas y la implementación de tarifas progresivas que reflejen el coste real del recurso. La conclusión es tajante: la viabilidad del sector turístico en un territorio insular de recursos limitados exige una planificación que priorice la rehabilitación de infraestructuras y el control tecnológico de las fugas, antes que cualquier expansión de la capacidad productiva.