Día de Canarias: entre la memoria histórica y la consolidación del autogobierno

Día de Canarias: entre la memoria histórica y la consolidación del autogobierno

Recurso: El Día

El Día de Canarias, celebrado cada 30 de mayo, conmemora la constitución del Parlamento regional en 1983 como símbolo de la madurez democrática del Archipiélago, superando el debate historiográfico sobre la cuestionada Carta de Calatayud de 1481.

La conmemoración del Día de Canarias, que cada 30 de mayo moviliza a la sociedad isleña, trasciende la mera festividad folclórica para situarse como un ejercicio de memoria sobre la arquitectura institucional del Archipiélago. Tal y como recoge la información publicada recientemente sobre los orígenes de esta efeméride, la fecha no responde a una elección aleatoria, sino que condensa tanto la consolidación democrática contemporánea como una compleja interpretación de los hitos históricos previos a la configuración del Estado de las Autonomías.

El fundamento jurídico y político de la jornada se asienta en el 30 de mayo de 1983, momento en el que se celebró la sesión constitutiva del Parlamento de Canarias en Santa Cruz de Tenerife. Este acto, presidido por el diputado socialista Pedro Guerra Cabrera, supuso la puesta en marcha efectiva del autogobierno tras la ratificación del Estatuto de Autonomía de 1982, un marco normativo que permitió a las Islas integrarse plenamente en el modelo descentralizado derivado de la Constitución de 1978.

No obstante, el relato oficial ha buscado históricamente un anclaje en el pasado remoto a través de la denominada Carta de Calatayud, fechada el 30 de mayo de 1481. Este documento, atribuido a una supuesta negociación entre los Reyes Católicos y un monarca aborigen de Gran Canaria, pretendía formalizar la adhesión del territorio a la Corona de Castilla. Sin embargo, el análisis historiográfico arroja sombras sobre esta vinculación: la cronología de la captura de figuras clave como Fernando de Guanarteme —quien fue trasladado a la Península en 1482— invalida la tesis de que este fuera el firmante del pacto un año antes.

Más allá de las discrepancias temporales, el valor de este documento histórico es limitado desde una perspectiva crítica. La realidad de la conquista fue un proceso prolongado y violento que se extendió hasta 1483 en Gran Canaria y no culminó en el conjunto del Archipiélago hasta la caída de Tenerife en 1496. Asimismo, la promesa de salvaguardar la libertad y las costumbres de los pobladores originarios, recogida en el espíritu de aquel pacto, fue sistemáticamente ignorada durante el proceso de ocupación castellana. Así, el 30 de mayo se consolida hoy no tanto como una fecha de conquista, sino como el símbolo de la madurez parlamentaria alcanzada por Canarias en el marco de la España democrática.