
Santa Lucía: el abandono institucional y la presión turística amenazan la supervivencia de un enclave costero en Güímar
El enclave costero de Santa Lucía, en Güímar, lucha por preservar su identidad marinera frente al abandono institucional, la precariedad de servicios básicos y la creciente presión del turismo residencial.
La supervivencia de los enclaves costeros tradicionales en Canarias se enfrenta a una encrucijada donde la precariedad de los servicios públicos colisiona con la presión del turismo residencial. Tal y como recoge una reciente crónica publicada por el diario El Día, el núcleo de Santa Lucía, en el litoral de Agache (Güímar), ejemplifica esta tensión entre la identidad marinera y el abandono administrativo.
La realidad de este asentamiento, situado bajo la autopista TF-1, está marcada por una autogestión vecinal que ha suplido históricamente las carencias de las instituciones locales. Un ejemplo paradigmático es la electrificación del barrio, culminada en el año 2000. Según los testimonios recabados, fueron los propios residentes quienes sufragaron íntegramente el coste de la infraestructura —cifrado en 5,5 millones de pesetas de la época— ante la ausencia de inversión pública, una dinámica que se extiende a la gestión del agua y al mantenimiento de espacios comunes, como la piscina natural que sirve de punto de encuentro comunitario.
El análisis de la situación actual revela un tejido social envejecido y fragmentado. Con una población que supera el centenar de residentes, el barrio ha visto cómo la llegada de viviendas vacacionales —con presencia de ciudadanos de siete nacionalidades distintas— ha alterado la convivencia tradicional. Los vecinos denuncian que el incremento de visitantes, atraídos por la singularidad de las viviendas excavadas en roca, no ha venido acompañado de una mejora en las infraestructuras básicas. La ausencia de transporte público regular y la falta de comercios de proximidad obligan a los habitantes a depender de la solidaridad vecinal para cubrir necesidades cotidianas, como el acceso a medicamentos o suministros básicos.
A esta problemática se suma el riesgo geológico. La seguridad del caserío ha dependido de la instalación de mallas de contención en el talud adyacente, una medida lograda tras años de reivindicaciones vecinales para mitigar el peligro de desprendimientos sobre las viviendas. A pesar de que el Ayuntamiento de Güímar ha intervenido en aspectos administrativos, como la regularización de las cédulas de habitabilidad, la percepción de los residentes es de un olvido institucional crónico.
Hoy, Santa Lucía sobrevive como un vestigio de la cultura pesquera canaria donde, paradójicamente, ya no queda actividad extractiva profesional. La lucha de sus habitantes por preservar este enclave no solo es una cuestión de arraigo, sino una denuncia sobre cómo la falta de planificación y servicios básicos amenaza con desdibujar la esencia de los pequeños núcleos rurales frente a la imparable transformación turística del litoral.