
La crisis del sector primario en Canarias amenaza la continuidad de su producción quesera
La XV edición de la feria de quesos de Pinolere ha puesto de manifiesto la grave crisis estructural y la asfixia burocrática que amenazan la supervivencia de la ganadería artesanal en Canarias.
La XV edición de la feria de quesos de Canarias, celebrada recientemente en el barrio de Pinolere (La Orotava), ha servido como altavoz para una realidad que trasciende lo gastronómico: la fragilidad del sector primario en el Archipiélago. Tal y como recoge la información difundida durante el evento, el prestigio internacional y la excelencia técnica de los productores locales contrastan con una crisis estructural que amenaza la continuidad de la ganadería, eslabón indispensable para la elaboración de estos productos.
El diagnóstico compartido por diversos profesionales del sector, como Edelmira Alonso Padrón, Alberto Montesdeoca García y Daniel Cruz, apunta a una asfixia administrativa que desvía el foco de la actividad productiva hacia la gestión burocrática. Según los testimonios recabados, los ganaderos dedican una parte significativa de su jornada —estimada en varias horas diarias— a cumplir con exigencias documentales para las que, a menudo, carecen de asesoramiento especializado. Esta carga, sumada a la escasez de incentivos económicos y subvenciones, está provocando un relevo generacional insuficiente y una reducción progresiva de las explotaciones activas.
Desde una perspectiva económica, el sector se enfrenta a una paradoja de mercado: la necesidad de mantener precios competitivos para el consumidor final frente a la obligación de remunerar la materia prima —la leche— a un coste que garantice la viabilidad de las granjas. Esta tensión es especialmente visible en modelos como el de la Quesería de Benijos, que opera bajo una estructura cooperativa nacida en 1998 con el propósito de blindar la actividad agropecuaria en Tenerife. La dependencia mutua entre el ganadero y el quesero es total; sin una base ganadera sólida, la calidad artesanal que distingue al producto canario en los certámenes internacionales corre el riesgo de desaparecer.
A pesar de este escenario, la capacidad de innovación sigue presente en las queserías familiares. Ejemplos como el de la quesería de Alberto Montesdeoca, con una trayectoria que se remonta a 1984, ilustran la búsqueda de nuevas líneas de negocio, como la comercialización de leche fresca y yogures, o el perfeccionamiento de técnicas de maduración con ingredientes locales, como el higo. Estas estrategias buscan diversificar los ingresos sin renunciar a la tradición.
El queso en Canarias no es solo un activo económico, sino un elemento identitario y un método histórico de conservación alimentaria, como demuestra la pervivencia del almogrote. Sin embargo, la voz de alarma lanzada en Pinolere es clara: la excelencia del producto final no puede ocultar la precariedad de su origen. La sostenibilidad del sector depende, en última instancia, de una simplificación de los procesos administrativos y de un apoyo institucional que permita a los productores centrarse en su oficio, garantizando así la supervivencia de una actividad que es, para muchos de sus protagonistas, un modo de vida.