
El cineasta David Baute apuesta por un ritmo profesional pausado y critica el modelo de desarrollo en Canarias
El cineasta canario David Baute anuncia una reducción de su carga laboral para priorizar proyectos de proximidad y reflexionar sobre la sostenibilidad, el modelo turístico y los desafíos sociales del archipiélago.
Tras tres décadas de trayectoria en el sector audiovisual, el cineasta canario David Baute ha manifestado públicamente su intención de reducir su carga de trabajo para priorizar la reflexión personal y el contacto con su entorno más cercano. Tal y como recoge una reciente entrevista publicada por Diario de Avisos, el director, natural de Garachico, aboga por un cambio de paradigma en su carrera, alejándose de la hiperactividad profesional que ha marcado sus últimos treinta años para centrarse en proyectos de carácter local y humano.
El cineasta, que recientemente ha sido objeto de un reconocimiento por parte del Centro Icodense, subraya que su labor actual se aleja de las grandes producciones comerciales para enfocarse en narrativas de proximidad, como demuestra su último largometraje, Benigno, cuya trayectoria incluye una exhibición en Shanghái y una próxima presentación en el Festival de Valladolid, además de proyecciones en el TEA. Esta transición hacia un ritmo más pausado responde, según Baute, a una necesidad de conciliar su faceta creativa con una mayor calidad de vida, tras haber dedicado gran parte de su carrera a la gestión cultural y a la formación de nuevos cineastas en Canarias y Latinoamérica.
En el plano sociopolítico, Baute mantiene una postura crítica respecto al modelo de desarrollo actual del archipiélago. El director cuestiona la sostenibilidad del sector turístico, al que atribuye la saturación de los servicios públicos y la escasez de vivienda, abogando por un decrecimiento planificado que permita la habitabilidad de los residentes. Asimismo, el cineasta vincula esta problemática con la gestión de los flujos migratorios, denunciando el discurso xenófobo y la falta de empatía institucional ante las crisis humanitarias. A su juicio, la solución pasa por una mayor inversión en educación y valores, tanto en el ámbito escolar como en el social, para contrarrestar la desinformación y el auge de posturas extremistas.
Finalmente, el análisis de Baute se extiende al impacto de la industria audiovisual en las islas. Si bien reconoce el beneficio económico que suponen los incentivos fiscales para la atracción de rodajes —que alcanzan las 200 producciones anuales—, advierte sobre las tensiones que este volumen genera en el mercado laboral local y en la gestión de los espacios naturales. El director concluye que es necesario un debate profundo sobre la balanza entre el crecimiento económico y la preservación del territorio, un desafío que, a su entender, debe abordarse con una visión a largo plazo que trascienda la inmediatez de las cifras.