
Calma chicha para el Elcano sin Leonor en Tenerife.
En su 63ª escala en Santa Cruz de Tenerife, el buque escuela 'Juan Sebastián de Elcano' recibió menos visitas que el año pasado, debido a la ausencia de la Princesa Leonor y el mal tiempo.
En el mundo de la navegación, "calma chicha" se refiere a la tranquilidad total, sin viento ni olas. Esa quietud se notó este sábado en el buque escuela 'Juan Sebastián de Elcano'. A diferencia del año pasado, cuando la Princesa Leonor estuvo a bordo y el barco recibió 3.000 visitas diarias con colas de hasta dos horas, esta vez el número de visitantes fue mucho menor.
La falta de la heredera de la Corona, el mal tiempo y una lluvia fina intermitente marcaron esta 63ª escala del emblemático buque escuela en el puerto de Santa Cruz de Tenerife, parte de su 98º viaje de instrucción. A bordo, los guardiamarinas se forman para ser futuros oficiales de la Armada y auténticos "lobos de mar". De hecho, una cadete llegó a poner un cartelito pidiendo que no la molestaran porque estaba examinándose. Sin el aliciente de ver a la Princesa y con el cielo gris, los "chichas" (como se conoce a los tinerfeños) no tuvieron la misma prisa del año pasado por subir a la pasarela de la goleta bergantín, que mide 113,10 metros de largo y 13 metros de ancho.
Aun así, los veleros siguen ejerciendo una gran fascinación, sobre todo en quienes crecieron con películas o libros de piratas. Son un verdadero imán. Durante las jornadas de puertas abiertas, personas como Sandro y Elena, que viven en Adeje pero estaban de compras en Santa Cruz, llevaron a sus hijos Carlos y Alejandro. Recorrieron las siete cubiertas y se hicieron fotos de recuerdo junto a cada escotilla, botavara y jarcia que encontraban. "¿Dónde están las velas?", preguntó el pequeño de cinco años. "Guardadas para que no se rompan", le contestó su madre, viendo la decepción en el niño, que se metió las manos en los bolsillos y agachó la cabeza el resto del paseo.
"¿No se marean?", preguntó curiosa Andrea, de siete años, a su abuela mientras esperaban para subir unas escaleras. "A mí un marinero me dijo que para no marearse hay que comer manzanas verdes", comentó Pili, de Buenavista, que estaba justo detrás de ellas en la fila.
"Mira, ese palo se llama 'Nautilus', como el submarino del capitán Nemo", le dijo el abuelo Esteban a su nieto Yeray. "¿Y ese quién es?", preguntó el niño. "¿No has leído '20.000 leguas de viaje submarino'? A ver si luego en casa busco la película y la vemos juntos esta tarde", respondió el abuelo, con una mezcla de nostalgia y la aceptación de que su infancia y la de su nieto son muy diferentes. "Mejor no le pregunto por Sandokán", murmuró con picardía al oído de su acompañante, que era de su misma edad.
Otra pareja de Galicia se interesó por cómo es la vida a bordo y llenó de preguntas a varios suboficiales y guardiamarinas: "¿Y ahora dónde van?". "Vamos a Trinidad y Tobago, cerca de Venezuela". "Pues tengan mucho cuidado por esas aguas, que las cosas no están muy bien por allá". "De momento no hay órdenes de cambiar de puerto".
"¿Por qué hay dos timones?", preguntó Juani, de Granadilla de Abona. "En realidad usamos este que está aquí arriba; el otro, el más grande, solo sirve como pieza de museo", contestó el cadete.
El buque zarpa hoy rumbo al Caribe y no volverá al puerto tinerfeño hasta el próximo mes de enero, cuando realice su 64ª escala.