
Buenavista del Norte: Cuatro meses sin agua potable por flúor
Cientos de vecinos de El Palmar y otras localidades de Buenavista del Norte llevan cuatro meses recogiendo agua embotellada del Ayuntamiento por la prohibición de consumir la del grifo debido al exceso de flúor.
Recoger agua embotellada dos veces por semana en el centro cultural de El Palmar y Las Portelas, en Buenavista del Norte, se ha vuelto una rutina. Han pasado cuatro meses desde que se prohibió beber agua del grifo por tener demasiado flúor, y más de 400 personas hacen su recorrido habitual para buscar garrafas de plástico. Lidia Rodríguez Acevedo, que vive en El Palmar, tiene en su despensa 96 litros de agua (12 botellas) de los repartos de esta semana. Ella explica: "Nos dan seis porque son tres para mi hija y otras tres para mí". Normalmente, cada casa recibe tres garrafas, pero Lidia recibe seis porque en su hogar viven siete personas, incluyendo tres niños.
Desde que se prohibió el agua del grifo, el Ayuntamiento ha repartido unas 20.000 garrafas. Esta medida empezó en verano. Si calculamos el coste a un precio medio de 1,50 euros por botella, el gasto en cuatro meses superaría los 30.000 euros. Esto significa que casi 500 personas, según el censo municipal, han consumido más de 160.000 litros de agua. Aunque no se han dado cifras oficiales (la alcaldesa Eva García, del PSOE, no quiso comentarlas), se sabe que cada día se reparten unas 240 garrafas en Las Portelas y 400 en El Palmar. Además de estos pueblos, también están afectados Las Lagunetas, barranco Las Palmas, La Sabina y la zona alta de Casablanca.
Ahora que estamos en noviembre y el verano ha terminado, se espera que el reparto de agua acabe pronto. Un mensaje de WhatsApp entre vecinos de El Palmar dice que, gracias a la colaboración de la gente, se encontró una fuga grande en un depósito. Esto ha permitido recuperar el flujo de agua, y ahora se harán los análisis necesarios para volver a permitir el consumo y asegurar que no hay exceso de flúor.
Lidia Rodríguez Acevedo no cree que la solución esté cerca. "Todavía no lo creo, porque si se estuviera solucionando, no nos seguirían dando agua. No nos han dicho nada sobre cuándo acabará el reparto de garrafas", comenta, y añade que esa misma mañana recogió el agua para su casa. "Ojalá fuera así. Somos siete personas y los niños, sobre todo, beben mucha agua. También cocinamos con esto y a nosotros no nos llega para casi nada", añade.
Lidia, la vecina de El Palmar, lleva siete años viviendo allí. Es venezolana y la familia de su marido es de Buenavista. Ella describe la situación que viven desde hace unos 120 días como "horrible. Fatal que no tengamos agua normal para beber, porque es indispensable para todo".
Para recoger el agua, Lidia pide a sus vecinos que la lleven al centro cultural porque no tiene coche. "Le digo a mi vecino o mi vecina que me lleven, o que me traigan las garrafas que me tocan. Mi marido se va a trabajar y no tengo cómo ir", cuenta.
Aun así, Lidia agradece: "Por lo menos damos gracias a que el Ayuntamiento nos está dando el agua porque si no, no sé cómo sería". A veces, su familia ha tenido que comprar agua porque la que les dan "no nos llega. Somos muchos", explica. La alcaldesa de Buenavista ha reconocido que "repartir y comprar agua es responsabilidad del Ayuntamiento. Tenemos que ayudar a las familias que no pueden comprar agua y asegurarles el derecho a tener una alternativa".
Aunque no se puede beber, los vecinos de seis pueblos de la zona de medianías de Buenavista del Norte usan el agua del grifo para ducharse y lavarse. Lidia, la vecina de El Palmar, cuenta que al salir de la ducha "nos pica la piel. Incluso una vecina fue al médico porque le salieron unas ronchas, y el médico le dijo que era por el agua". Dice que su piel se reseca mucho después de ducharse con esa agua.
El reparto de agua es sencillo. Los vecinos llegan, dicen su nombre, apellidos y dirección. Se comprueba la lista del censo y se les entregan las garrafas que les corresponden. Después de tantos meses, la empleada del Ayuntamiento y los vecinos ya se conocen bien. A veces, incluso le avisan a alguien que un familiar ya recogió su agua: "Tu hijo vino esta mañana", le dicen a una señora que agradece no tener que irse "cargada con las garrafas".
Un señor que vive en la misma calle del centro cultural de El Palmar, llega en su pequeña moto blanca. En ella le caben dos garrafas. Con buen equilibrio, sujeta con los pies 16 litros de agua. Vuelve a por la tercera y, sonriendo, posa para la foto.