
La bióloga Atteneri Rivero reivindica la biodiversidad canaria como parte indisoluble de la identidad cultural
La bióloga Atteneri Rivero defiende que la preservación de la biodiversidad en Canarias debe integrar la identidad cultural y el conocimiento tradicional de sus habitantes para frenar la degradación ambiental provocada por el actual modelo de desarrollo.
La preservación de la biodiversidad en Canarias no puede entenderse como un ejercicio técnico aislado, sino como un fenómeno intrínsecamente ligado a la identidad cultural de sus habitantes. Tal y como recoge una reciente entrevista publicada por El Diario, la bióloga Atteneri Rivero, natural de Granadilla de Abona, sostiene que la protección del entorno natural es ineficaz si se desvincula de la memoria colectiva y del uso tradicional que las comunidades han ejercido sobre el territorio.
El análisis de Rivero pone el foco en el concepto de diversidad biocultural, una disciplina que, aunque cuenta con una trayectoria consolidada en Latinoamérica, comienza a ganar relevancia en el archipiélago como herramienta de gestión ambiental. Según la investigadora, existe una correlación directa entre la riqueza de especies endémicas y el arraigo identitario de las poblaciones locales. Este vínculo, sin embargo, se encuentra actualmente bajo una presión creciente debido a la desconexión que impone el modelo de desarrollo actual, caracterizado por la masificación y la transformación del paisaje en un mero recurso escénico para el turismo.
La experta advierte sobre la erosión del conocimiento ecológico tradicional, un saber empírico que históricamente permitió a las comunidades locales interpretar ciclos climáticos, fenología vegetal y dinámicas costeras. La pérdida de este acervo, que incluye desde la nomenclatura vernácula de la flora hasta técnicas de aprovechamiento sostenible, supone un obstáculo para la resiliencia frente al cambio climático. Rivero subraya que, mientras la sociedad no logre integrar el valor de los servicios ecosistémicos —como la captación hídrica o la estabilidad del suelo— en su modelo económico, la biodiversidad silvestre seguirá siendo percibida como un elemento ornamental y no como un pilar fundamental de la supervivencia.
El testimonio de la bióloga también refleja una preocupación por la transformación de enclaves como El Médano, donde la sustitución de la vida comunitaria por una economía de servicios ha debilitado el sentido de pertenencia. Ante este escenario, la propuesta científica apunta hacia una necesaria convergencia entre las ciencias naturales y las sociales. Solo mediante la revalorización de la tradición como un elemento dinámico, y no como una pieza estática de museo, será posible frenar la degradación de ecosistemas críticos como los tabaibales y cardonales, garantizando que las futuras generaciones mantengan una relación activa y responsable con el medio natural que define su propia existencia.