
La crisis de los asentamientos informales en Arona desborda la capacidad de gestión municipal
La proliferación de asentamientos informales en la Montaña de Guaza, en Arona, evidencia una crisis habitacional sistémica y una parálisis administrativa que afecta gravemente a la convivencia vecinal y al entorno natural.
La crisis habitacional en el municipio tinerfeño de Arona ha alcanzado un punto de inflexión que trasciende la mera precariedad, convirtiéndose en un desafío de gestión pública y convivencia ciudadana. Tal y como recoge Diario de Avisos, la proliferación de asentamientos informales en la ladera de la Montaña de Guaza, en las inmediaciones de Los Cristianos, ha pasado de ser una advertencia lanzada por el sector turístico a principios de año a consolidarse como una realidad estructural que afecta directamente a los residentes de la zona.
El enclave, compuesto por cerca de 60 personas que habitan en estructuras improvisadas, tiendas de campaña y refugios de madera, se sitúa en una zona de transición entre el casco urbano y el espacio natural protegido. Esta situación ha generado un clima de tensión entre los vecinos de las calles aledañas, quienes reportan problemas de salubridad, inseguridad y un deterioro progresivo del entorno. La percepción de desamparo administrativo es compartida por los residentes, que ven cómo el poblado se expande sin que las autoridades logren articular una respuesta eficaz.
Desde el Ayuntamiento de Arona, la postura oficial refleja la complejidad competencial que rodea a este fenómeno. El área de Urbanismo ha declinado su intervención directa al considerar que, al no tratarse de edificaciones permanentes o movimientos de tierra, el caso excede sus atribuciones técnicas, derivando el expediente hacia Medio Ambiente. Esta parálisis administrativa se ve agravada por la respuesta de la Agencia Canaria de Protección del Medio Natural, que ha clasificado estas ocupaciones fuera del marco de las infracciones urbanísticas tradicionales, dificultando así la aplicación de medidas sancionadoras convencionales.
El problema no es aislado. La existencia de otros asentamientos, como el de Los Vivitos —donde recientemente se precintaron 17 estructuras—, evidencia una problemática sistémica en el sur de la isla. El diagnóstico municipal sobre el sinhogarismo, elaborado junto a Cáritas Diocesana de Tenerife, arroja cifras alarmantes: cerca de 390 personas en situación de exclusión residencial extrema distribuidas en 22 puntos informales. Los datos del informe subrayan la gravedad de la situación, con un 78% de los afectados sin acceso a prestaciones económicas y más de la mitad padeciendo enfermedades crónicas.
Ante este escenario, el Consistorio ha solicitado una intervención coordinada que involucre al Gobierno de Canarias, al Cabildo y a la Administración General del Estado. La falta de un protocolo claro para abordar el sinhogarismo desde una perspectiva social, sumada a la degradación de un entorno natural de alto valor, sitúa a Arona ante una encrucijada donde la gestión de la exclusión social y la protección del territorio chocan frontalmente, dejando a los vecinos en una situación de vulnerabilidad que, hasta la fecha, ninguna administración ha logrado resolver.