
Emiliano Guillén reivindica el legado arquitectónico de Marrero Regalado en Canarias
Una reciente investigación del cronista Emiliano Guillén reivindica la figura del arquitecto José Enrique Marrero Regalado como el artífice clave de la identidad monumental y el paisaje urbano de Canarias durante el siglo XX.
La figura de José Enrique Marrero Regalado (1897-1956) constituye un eje fundamental para comprender la configuración del paisaje urbano en Canarias, tal y como detalla la reciente investigación del cronista oficial de Granadilla de Abona, Emiliano Guillén. El estudio, que compila la trayectoria de este arquitecto nacido en el sur de Tenerife, permite analizar cómo su producción técnica y estética definió la monumentalidad institucional y civil del archipiélago durante gran parte del siglo XX.
La carrera de Marrero Regalado, graduado en 1925, estuvo marcada por una evolución estilística que transitó desde la influencia del racionalismo madrileño —etapa en la que colaboró con figuras como Pascual Bravo y Gutiérrez Soto, participando en proyectos de relevancia como el Cine Callao de la capital española— hasta la consolidación del denominado estilo "marrerista" o neocanario. Este lenguaje arquitectónico, que comenzó a aplicar de forma sistemática tras su asentamiento definitivo en Tenerife en 1933, se caracteriza por una amalgama de elementos vernáculos, como la cantería, las celosías y los balcones tradicionales, integrados con las vanguardias europeas y americanas de la época.
El análisis de su legado revela una dualidad profesional. Por un lado, su capacidad para proyectar infraestructuras de gran calado social y simbólico, entre las que destacan el Palacio Insular —sede del Cabildo de Tenerife—, la Basílica de Nuestra Señora de Candelaria, el estadio Heliodoro Rodríguez López y el Parador de Las Cañadas del Teide. Por otro, su prolífica actividad en el ámbito privado, visible en diversas viviendas de Santa Cruz de Tenerife, como las casas Llombet, Larrarte o Concepción Pedreira. Asimismo, su trayectoria incluyó proyectos de carácter singular, como el complejo de la leprosería de Abades, una obra que, a pesar de su ambición, no llegó a completarse.
La biografía de Marrero Regalado, marcada por una juventud bohemia en Madrid y un cambio de rumbo vital tras la crisis económica familiar y el fallecimiento de su padre en 1916, refleja la adaptación de un profesional que supo posicionarse como arquitecto de referencia durante el periodo de posguerra. Su influencia se extendió también a la arquitectura de ocio, trasladando las innovaciones técnicas aprendidas en sus años de formación a las salas de cine tinerfeñas, como el Víctor, el Rex o el Baudet. Su fallecimiento en 1956, a causa de una leucemia, puso fin a una carrera que, siete décadas después, sigue siendo objeto de estudio para entender la identidad arquitectónica de las islas.