Las Carboneras: desconexión y abandono en Anaga

Las Carboneras: desconexión y abandono en Anaga

Recurso: El Día

Los noventa residentes de Las Carboneras, en el macizo de Anaga, luchan por mantener la vitalidad de su comunidad ante la desconexión digital y el abandono administrativo, que afectan desde la educación hasta los servicios básicos, pese a su arraigada identidad y cohesión vecinal.

La desconexión digital y la percepción de abandono administrativo marcan la realidad de Las Carboneras, un enclave rural en el macizo de Anaga, La Laguna, donde sus aproximadamente noventa residentes luchan por mantener la vitalidad de su comunidad. Tal y como ha documentado un reciente reportaje, la ausencia de fibra óptica se erige como uno de los principales obstáculos para el desarrollo local, afectando desde la educación hasta la prestación de servicios básicos.

Esta carencia tecnológica ha tenido consecuencias directas, como la experimentada por Alba Rodríguez Rojas, una joven de 23 años recién graduada en Farmacia por la Universidad de La Laguna, quien durante la pandemia sufrió la pérdida de una asignatura al fallar su conexión a internet en un examen crucial. La situación se extiende a servicios esenciales, como el consultorio médico y de enfermería que opera una vez a la semana, cuya operatividad se ve ocasionalmente comprometida por la inestabilidad de la red.

El sentimiento de desamparo se agrava por la condición de Las Carboneras como parte de la Reserva de la Biosfera de Anaga, un estatus de alta protección que, si bien valora el entorno natural, impone rigurosas restricciones a sus habitantes. Pilar Rodríguez, residente y miembro de la comisión de fiestas local, ejemplifica esta dificultad al relatar que la construcción de su vivienda en un terreno heredado de su padre se prolongó durante una década debido a las exigencias normativas. Los vecinos contrastan la promoción turística del macizo con la escasez de inversión en infraestructuras y servicios para quienes lo habitan.

La memoria colectiva, encarnada en figuras como Cirilo Rodríguez Felipe, antiguo guarda forestal desde los años setenta y expresidente de la asociación de vecinos, y su hermana Herena, revela una historia de esfuerzo y adaptación. Cirilo ha recordado promesas incumplidas, como la construcción de un estanque para el aprovechamiento del agua de barranco, y ha subrayado la histórica sensación de desatención hacia Anaga. Herena, por su parte, evoca los tiempos previos a la llegada de la carretera al enclave en la década de 1970, cuando los desplazamientos a núcleos como Cruz del Carmen o La Laguna se realizaban a pie para adquirir bienes básicos.

A pesar de los desafíos, la vida comunitaria en Las Carboneras persiste con dinamismo. El núcleo cuenta con la última escuela unitaria de la zona de Anaga perteneciente a La Laguna, que atiende a seis niños. La mejora del transporte público, con la conexión de la línea a Taborno, ha facilitado la movilidad. La cohesión vecinal se manifiesta en la activa comisión de fiestas de San Isidro y Santa María de la Cabeza, que organiza una romería con raíces en los años treinta del siglo XX, época en la que también se erigió la ermita local. Tradiciones como la de las 'mascaritas' en Carnaval, que recorren las casas pidiendo huevos, son testimonio de una identidad cultural arraigada que se resiste al olvido y al abandono.