Jorge Gómez: el controlador aéreo que se despide del Tenisca como leyenda y 99 goles.

Jorge Gómez: el controlador aéreo que se despide del Tenisca como leyenda y 99 goles.

Recurso: El Día

Jorge Gómez, el emblemático delantero del Tenisca y controlador aéreo, se despide del club palmero tras ocho años y 99 goles, dejando un legado único.

Jorge Gómez es mucho más que un futbolista. Es controlador aéreo, un goleador nato que se formó en las canteras de Osasuna y Leganés, estudió en Estados Unidos con una beca, fue uno de los 100 mejores tenistas de España en su categoría y es un símbolo del Tenisca. Su historia es de esas que sorprenden por todo lo que ha vivido y emocionan por lo que hay detrás.

El pasado fin de semana, el Tenisca goleó al San Bartolomé (7-1) en la novena jornada de Tercera División. Fue el debut de Juan Arsenal como entrenador, tras la marcha de Ceire Vargas. Esta victoria contundente, la primera en siete jornadas para el equipo de Mirca, puso de manifiesto la importancia de su delantero estrella. Jorge Gómez marcó dos goles y alcanzó la impresionante cifra de 99 tantos oficiales.

Hace ocho años, Jorge llegó a La Palma como controlador aéreo recién titulado. Fue destinado a la isla y, sin apenas tiempo para adaptarse, ya estaba buscando un equipo para compaginar su trabajo con su pasión por el fútbol. El Tenisca, conocido como la 'institución merengue', ya lo tenía en el radar antes de que desempaquetara sus cosas y lo fichó desde el primer día. Así empezó una relación inesperada. «Nunca te imaginas que puedes encajar tan bien en un equipo», confiesa el jugador de Talavera de la Reina, y menos aún crear «ese sentimiento de pertenencia» siendo de la Península.

La trayectoria de Jorge en la Isla Bonita ha estado marcada por varias lesiones graves que, para otro, habrían significado el fin de su carrera. Sufrió dos roturas de ligamento cruzado. La primera en 2018, recién llegado y en su tercer partido; la segunda, tres años después, durante el playoff de ascenso a Segunda B. Pero en ambas ocasiones, volvió a jugar, siendo el mismo delantero de siempre. «Cuando has jugado al fútbol desde los 3 años… es una rutina que tienes», explica, y por eso «uno hace todo lo posible para seguir jugando». Él mismo bromea con sus regresos: «he redebutado no sé cuántas veces en el Virgen de las Nieves».

Esta misma temporada, lleva varias semanas con una molestia en la cintilla iliotibial. Pero Jorge no le da más importancia de la que tiene. Para él, jugar en un campo como el de Mirca, con césped natural, y contar con una afición tan entregada como la del Tenisca, son el motor perfecto para seguir adelante: «siempre son alicientes que te hacen salir adelante».

Su pasión por el fútbol convive con un horario de trabajo muy exigente. Ser controlador aéreo implica turnos muy duros y una gran responsabilidad, algo que él mismo describe como «bastante estresante» y que requiere estar «completamente concentrado». En este contraste reside una de las partes más interesantes de su historia: el fútbol, más allá de un simple pasatiempo, le sirve como un escape, un equilibrio mental.

Antes de llegar a La Palma, la carrera de Jorge prometía mucho. Nacido en Talavera de la Reina, destacó en la selección de Castilla-La Mancha, lo que le abrió las puertas del juvenil de Osasuna. Allí marcó 20 goles en División de Honor, igualando a Iñaki Williams. Su ascenso en el club navarro fue rapidísimo. Antes de terminar su etapa juvenil, ya entrenaba con el Promesas y estuvo varios meses bajo las órdenes de Javi Gracia en el primer equipo, llegando incluso a ser convocado en Primera División. Sin embargo, un gran problema institucional –«el presidente fue a la cárcel, el director deportivo también», recuerda– provocó la rescisión de contratos de jugadores que no eran de Navarra. La suya fue una de esas bajas.

Después, vino una etapa de reconstrucción: jugó en Segunda B con La Roda, en Tercera madrileña con el Puerta Bonita (donde fue el máximo goleador de la segunda vuelta), y más tarde, se fue a Estados Unidos para estudiar y jugar. Allí cursó Economía y marcó 37 goles en dos temporadas. Esas cifras lo llevaron al draft de la MLS, al que solo acceden «los 60 mejores jugadores universitarios». Fue elegido por el Vancouver Whitecaps, pero las condiciones del contrato no compensaban el alto coste de vida en Canadá, así que decidió regresar a España.

De vuelta en España, fichó por el Leganés, rozando de nuevo la élite. Jorge fue titular en varios partidos de pretemporada con el primer equipo 'pepinero' –entonces dirigido por el exblanquiazul Asier Garitano–. Sin embargo, después de solo tres partidos con el filial, se le presentó la oportunidad de empezar el curso de controlador aéreo. «Me dijeron mis padres que decidiese», recuerda. Eligió la opción que le abría un futuro más allá del fútbol, una «buena oportunidad» para su «futuro laboral».

Pero la historia deportiva de Jorge tiene una sorpresa más. Durante su adolescencia, estuvo entre los cien mejores tenistas de España y llegó a entrenar con Rafa Nadal en Mallorca, haciendo de sparring. Su relación con el tenis terminó cuando Osasuna lo fichó. «Ves esa cantidad de dinero con esa edad y dices… yo creo que dejo el tenis».

En pocas semanas, Jorge pondrá fin a su etapa en el Tenisca y en La Palma. Todavía sin fecha exacta, viajará primero a Madrid para un curso de formación de seis meses. Después, tendrá que elegir un nuevo destino profesional, que probablemente será «alguna isla canaria», pero una capitalina. El Tenisca tendrá que afrontar un vacío enorme. En las últimas tres temporadas, el delantero de Talavera ha marcado 70 goles y ha sido el máximo goleador de su grupo en todas ellas. Aunque todo indica que se despedirá con 100 goles, él insiste en que su prioridad es «asentarse en la tabla» y poder despedirse «bien de la afición y del equipo». Eso sí, reconoce que «sería especial llegar a esa cifra anotadora».

Más allá de los números, su conexión con el Tenisca es de una sinceridad poco común en el fútbol regional. Es el club de su vida, lo repite una y otra vez. Le ha «dado todo, tanto en las buenas como en las malas». Con la camiseta blanca, ha vivido descensos y celebraciones. Su día más feliz en Mirca fue el regreso a Tercera División.