
La Aemet prevé una primavera más cálida y seca de lo habitual en Canarias
La Aemet prevé una primavera de 2026 en Canarias marcada por temperaturas superiores a la media y una tendencia hacia la escasez de precipitaciones.
La Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) ha proyectado un escenario climático para el archipiélago canario durante el próximo trimestre —marzo, abril y mayo de 2026— caracterizado por una marcada anomalía térmica positiva y una escasez hídrica moderada. Según los datos difundidos por el organismo público, las probabilidades de que la primavera se comporte de manera más calurosa de lo habitual alcanzan el 50%, frente a una probabilidad residual del 20% para un escenario de temperaturas inferiores a la media histórica. En cuanto al régimen de precipitaciones, los modelos apuntan a una tendencia hacia la aridez, con un 40% de probabilidad de registrar niveles pluviométricos deficitarios, superando con creces el 25% de posibilidades de un trimestre húmedo.
Este pronóstico se enmarca en una dinámica de calentamiento sostenido que afecta a todo el territorio nacional. El balance del invierno recién concluido sitúa a este periodo como el noveno más cálido desde que existen registros sistemáticos en 1961, consolidando una racha de ocho inviernos consecutivos con valores térmicos superiores a los parámetros de referencia. La persistencia de esta tendencia sugiere que el cambio climático está alterando los ciclos estacionales, lo que obliga a las autoridades a gestionar recursos hídricos bajo una presión creciente.
No obstante, la capacidad de anticipación técnica encuentra límites infranqueables en los fenómenos de escala reducida. Rubén del Campo, portavoz de Aemet, ha enfatizado la complejidad que entraña la detección de danas y tormentas de alta intensidad. Debido a su naturaleza local y a la volatilidad de los modelos atmosféricos, estos eventos extremos escapan a la precisión de las predicciones estacionales, las cuales deben interpretarse como tendencias probabilísticas y no como alertas meteorológicas inmediatas.
El avance en la fiabilidad de los pronósticos a medio plazo —que hoy alcanzan una ventana de utilidad de hasta diez días, frente a los tres o cuatro días que permitía la tecnología de los años noventa— es el resultado de una inversión constante en satélites de observación y de una estrecha colaboración científica internacional. Esta infraestructura de vigilancia global resulta indispensable para monitorizar una atmósfera que, al carecer de fronteras, exige una respuesta coordinada ante la creciente incertidumbre climática que define la presente década.