El deterioro de la ermita de San Telmo en Puerto de la Cruz urge una intervención institucional

El deterioro de la ermita de San Telmo en Puerto de la Cruz urge una intervención institucional

Recurso: Diario de Avisos

La ermita de San Telmo en Puerto de la Cruz, declarada Bien de Interés Cultural, se encuentra a la espera de una resolución del Cabildo de Tenerife para iniciar las necesarias obras de rehabilitación ante su actual estado de deterioro exterior.

La ermita de San Telmo en Puerto de la Cruz se encuentra en una encrucijada administrativa que pone en riesgo la integridad de uno de los hitos patrimoniales más significativos del norte de Tenerife. Tal y como ha trascendido recientemente, el inmueble, catalogado como Bien de Interés Cultural (BIC) desde el año 2000, presenta un estado de degradación exterior que ha motivado una solicitud de intervención por parte del Obispado de la Diócesis Nivariense ante el Cabildo insular, trámite que aún se encuentra en fase de resolución.

La situación actual del templo, cuya gestión recae bajo la titularidad eclesiástica, refleja las dificultades habituales en la conservación de monumentos históricos cuando las competencias entre administraciones se diluyen. Mientras el Obispado, a través de su delegado de Patrimonio Cultural, Adolfo Padrón Rodríguez, ha manifestado su voluntad de ejecutar labores de pintura y mantenimiento —objetivo que no pudo materializarse durante el pasado verano—, la institución insular sostiene que el expediente administrativo sigue su curso, con una resolución prevista para finales de este mes.

Más allá de la urgencia estética, el valor de este enclave trasciende su fachada. La ermita, cuya estructura original se remonta a 1626 por iniciativa del gremio de pescadores, ha sido testigo de una historia convulsa: desde el incendio de 1778 —atribuido en crónicas históricas a un descuido con un velón— hasta los daños provocados por el temporal de 1826 y los saqueos durante la Guerra Civil. Esta resiliencia histórica se complementa con un interior que custodia piezas de notable valor, como el retablo-hornacina del siglo XVIII y la imagen del patrón, restaurada por el escultor Ezequiel de León, además de un crucifijo en hierro forjado, obra del arquitecto Fred Hellwig.

El edificio, caracterizado por su planta rectangular, muros de mampostería y una espadaña de dos cuerpos, mantiene una vinculación estrecha con la identidad marinera de la ciudad. Su uso ha evolucionado a lo largo de los años, llegando a ser un centro de culto para la comunidad turística alemana tras una restauración financiada por la Conferencia Episcopal de dicho país en 1967. Actualmente, la actividad en la ermita está coordinada por la asociación de amigos de San Telmo, quienes mantienen viva la tradición festiva en honor al santo.

La preocupación por el deterioro de elementos como el campanario y la pérdida de legibilidad de la placa conmemorativa en la fachada subraya la necesidad de una estrategia de conservación más robusta. Aunque el Obispado descarta riesgos estructurales para las piezas artísticas que alberga, la preservación de este conjunto, que incluye los restos de la antigua Batería de San Telmo y el polvorín abovedado, exige una coordinación institucional que garantice la supervivencia de un monumento que, durante casi cuatro siglos, ha sido un referente ineludible del paisaje urbano y cultural portuense.