
Adeje aprueba un plan estratégico contra las adicciones con foco en el consumo digital y el vapeo hasta 2030
El Ayuntamiento de Adeje ha aprobado el II Plan Municipal de Prevención de Adicciones hasta 2030, una estrategia que integra el control de dependencias digitales y sustancias para mejorar la salud pública local.
La reciente aprobación del II Plan Municipal de Prevención de Adicciones en Adeje marca un punto de inflexión en la gestión de la salud pública local, tal y como ha trascendido tras el último Pleno municipal. Esta hoja de ruta, que extenderá su vigencia hasta el año 2030, responde a una realidad sociológica compleja donde las fronteras entre el consumo de sustancias tradicionales y las nuevas dependencias digitales se han vuelto cada vez más difusas.
El diagnóstico técnico, realizado entre 2024 y 2025 por la Fundación CESICA-Proyecto Hombre Canarias y validado por la Dirección General de Salud Mental y Adicciones del Ejecutivo regional, arroja cifras preocupantes sobre la percepción ciudadana. Casi nueve de cada diez residentes consideran que obtener sustancias es un proceso sencillo, una percepción que se ve agravada por la normalización del consumo en los circuitos de ocio y la actividad turística. A este escenario se suma una brecha informativa significativa: cerca del 70% de la población desconoce los canales institucionales de ayuda ante situaciones de dependencia.
La estrategia municipal, coordinada por el área de Salud y Calidad de Vida, introduce un cambio de paradigma al integrar por primera vez el control sobre el juego online, el uso problemático de videojuegos y la hiperconectividad a redes sociales, además de poner el foco en el auge de los dispositivos de vapeo. El plan se articula sobre cinco pilares fundamentales —salud, prevención, atención, limitación de la oferta y capacitación—, con el objetivo de intervenir en entornos educativos, familiares y laborales, así como en los espacios de esparcimiento.
Entre las medidas operativas destaca un endurecimiento en la vigilancia sobre la comercialización de alcohol y vapeadores a menores, así como un control más riguroso sobre la actividad de los clubes cannábicos. La hoja de ruta prioriza la atención a colectivos vulnerables, incluyendo a jóvenes, familias, mujeres con cuadros de adicción y empleados del sector servicios, un segmento especialmente expuesto debido a la naturaleza de la economía local.
Este despliegue contará con un sistema de rendición de cuentas mediante informes semestrales, culminando con una evaluación global al cierre de la década. La iniciativa no solo busca mitigar los riesgos actuales, sino también adaptar la respuesta institucional a un entorno donde las adicciones sin sustancia han pasado a ocupar un lugar central en la agenda de salud pública.