
Dos miembros de la banda de Añaza se entregan con el cadáver de un hombre y un herido grave.
Dos miembros de la banda de Añaza se entregaron a la policía con el cadáver de Alberto González y un joven herido, en un intento de frenar la investigación policial que ya buscaba a los implicados en el asesinato y secuestro.
La banda de Añaza, sintiendo la presión policial, decidió que dos de sus miembros se entregaran a la Policía Nacional con el cadáver de Alberto González, a quien presuntamente habían asesinado. Moisés Baute, luchador de kick boxing, y Jonathan Martín, portero de discoteca y empleado de una empresa de desocupación, se presentaron la madrugada del 30 de julio en la comisaría de Santa Cruz de Tenerife. Llevaban en el coche el cuerpo de Alberto y a otro joven, León, secuestrado y gravemente herido.
La noche anterior, la policía había desplegado agentes por el barrio de Añaza, origen de la banda, para localizar a sus miembros más destacados. Se buscaba presionar a familiares y conocidos de la banda, liderada por Aarón Vargas, empresario y presidente del UD Añaza, haciéndoles saber que se les buscaba por la desaparición de Alberto González, conocido como "Albertito".
El Grupo de Homicidios ya conocía la denuncia de la novia de Alberto, pero las alarmas saltaron al encontrar el coche de León en el garaje de un supermercado, con los teléfonos móviles de ambos dentro. A partir de ese momento, la movilización policial fue total. Los investigadores sabían que la banda de Vargas y la de Alberto llevaban meses de disputas con episodios violentos, uno de ellos con Alberto herido de arma blanca.
El objetivo de la policía esa noche era que la banda liberara a Albertito y a León. Sin embargo, según la autopsia preliminar, Alberto ya llevaba varias horas muerto. León presentaba lesiones muy graves tras más de 24 horas de golpes, supuestamente recibidos a puñetazos y con objetos contundentes.
Horas después, Baute y Martín se presentaron en la comisaría con el cadáver de Alberto y León herido. Se cree que pensaban que así frenarían la acción policial, pero las diligencias se ampliaron.
La inspectora jefa del Grupo de Homicidios de Santa Cruz de Tenerife explica que llevan desde finales de julio analizando información de diversas procedencias. La investigación ha requerido la colaboración de varios grupos policiales y de la Policía Científica.
Uno de los mayores obstáculos ha sido la dificultad de investigar en Añaza, donde personas como Aarón Vargas o Moisés Baute ejercen una gran intimidación. Los vecinos temen represalias si colaboran, imperando un clima de silencio, la "omertá".
La inspectora aclara que la mayoría de los vecinos son gente trabajadora que colaboraría si no tuvieran miedo a las represalias. Además, Aarón Vargas utiliza su red de familiares y amigos para ofrecer trabajo, favores o protección.
Por ello, los investigadores han detectado en redes sociales amenazas e insultos hacia familiares de Alberto y testigos, creadas desde cuentas específicas para intimidar. Se investiga si quienes las publican forman parte del entorno de los investigados.
El objetivo de esta presión es que familiares y testigos se echen atrás. Alberto González y León habrían caído en una trampa, ya que supuestamente se dedicaban a los "vuelcos" (robos de droga entre traficantes).
Los miembros destacados de la banda tienen un historial delictivo desde menores, incluyendo tráfico de drogas, lesiones y detenciones ilegales. Investigar a personas curtidas en delitos es más complejo que un homicidio tras una pelea. Aarón Vargas y sus hombres tomaron medidas para evitar ser capturados, como contravigilancia y cambios frecuentes de vehículos y teléfonos.
Hasta ahora, han sido detenidos 15 hombres vinculados a la banda, con relación al asesinato y las lesiones a León. Ocho de ellos ingresaron en prisión provisional.
Algunos detenidos trabajan en la empresa de desocupación de Vargas, otros son porteros de discotecas, y el resto no tiene actividad laboral conocida. La mayoría tiene antecedentes policiales o penales, muchos por lesiones o robos con violencia. Para llegar a ellos, los agentes analizaron matrículas, cámaras de videovigilancia, datos de la Policía Científica y testimonios.
León, el principal testigo, recibe custodia y vive escondido en Tenerife para evitar represalias tras recibir serias amenazas. La investigación policial y judicial continúa para esclarecer todos los detalles del caso.