Tenerife celebra la 41ª Feria de Artesanía con homenaje a la vestimenta tradicional.

Tenerife celebra la 41ª Feria de Artesanía con homenaje a la vestimenta tradicional.

Recurso: El Día

La 41ª Feria de Artesanía de Canarias se celebra del 5 al 8 de diciembre en Santa Cruz de Tenerife, reuniendo a más de 140 artesanos con talleres y música para homenajear la vestimenta tradicional y preservar los oficios ancestrales.

Con un sol y buen tiempo poco habituales para noviembre, se inauguró la Feria de Artesanía de Canarias en el Recinto Ferial de Santa Cruz de Tenerife. Esta es su edición número 41 y, del 5 al 8 de diciembre, reúne a artesanos profesionales que mostrarán su arte con clases, talleres y música. Este año, la feria rinde homenaje a la vestimenta tradicional canaria. Durante cuatro días, más de 140 artesanos y artesanas presentarán sus creaciones, haciendo de Tenerife el centro de la artesanía de todas las Islas, donde se unen la tradición y la innovación.

En un pequeño puesto que huele a madera, David Guijarro está sentado en un banco, empezando a tallar un mortero desde cero. "Todos los morteros y el resto de mis productos se hacen a mano", explica. Su meta principal es rescatar, mantener y recrear piezas tradicionales que se usaban hace siglos, "cuando no había otros materiales". Él cree que es fundamental seguir haciendo estas piezas porque "se están perdiendo".

Guijarro empezó a trabajar la madera con 16 o 17 años y lleva casi cuarenta en este oficio. Reconoce que no es fácil vivir solo de esto. "Ser artesano tradicional es duro porque no se gana mucho dinero, pero sí lo suficiente para vivir", comenta. Su mujer, que además de su propio trabajo también hace joyas, es su apoyo económico y le permite dedicarse por completo a la madera, algo por lo que él está muy agradecido. Sin embargo, lo que más le preocupa no es el dinero, sino lo poco que la gente sabe sobre esto. "Hemos avanzado y valoramos más lo artesanal y tradicional, pero, al mismo tiempo, hemos retrocedido por la desinformación", se lamenta.

Otro problema que Guijarro considera "grave" es que las piezas desaparecen sin que nadie se dé cuenta de su importancia. "Nos falta conocer lo nuestro y ser conscientes de todo lo que tenemos", explica. Su voz se vuelve más seria al recordar cómo la gente quemaba sillas victorieras y baúles de cedro en las hogueras de San Juan. Esto, dice, es una consecuencia de "no conocer el valor de lo nuestro".

El objetivo de la feria es luchar contra este olvido. Durante la inauguración, Efraín Medina, consejero de Empleo, Educación y Juventud del Cabildo de Tenerife, recordó que la artesanía "es una herencia que nos une a nuestras raíces y que ofrece oportunidades de futuro para los jóvenes". Mientras sus palabras se escuchaban por el recinto, el público empezó a entrar y a recorrer los pasillos, donde se pueden ver cerámica, textiles, joyas, cuero, vidrio, gastronomía, trajes regionales de cada Isla y trabajos en madera.

Cerca del escenario, un grupo de visitantes observa en silencio a Antonio Rodríguez y su equipo mientras hacen calados, rosetas, cestas de palma, polainas y sombreros. Las manos de uno de sus compañeros se mueven rápido al coser, como si tuvieran vida propia, casi sin pensar. "Hacer una roseta puede llevarnos desde diez o quince minutos hasta dos días de trabajo", explica Rodríguez.

Con los sombreros pasa igual, ya que el tiempo de elaboración depende del ancho del trenzado. Cada pieza es una muestra de paciencia. A pocos metros, una pareja mira el proceso asombrada. "Me da pena pensar que estos oficios puedan desaparecer. Si no fuera por ferias como esta, muchos ni sabríamos que existen", comenta Jorge González.

La tradición sigue viva en un puesto donde un telar funciona a un ritmo constante. Valentín Berradre, tejedor desde hace nueve años, maneja los hilos con soltura. "Empecé porque me enamoré de este oficio", relata. Aprendió con "el mejor tejedor de Canarias", Tomás Hernández Negrín. Sus chales combinan patrones del siglo XVI con diseños inspirados en pintaderas aborígenes: triangulares, circulares e incluso con forma de mariposa. "Para mí, los tejedores somos como intérpretes y compositores. Es como si cada tejido fuera una melodía", comenta. Entre los visitantes de su puesto, una mujer se detiene a observar cada chal. "Mi abuela también tejía y verlo a él hacerlo en directo me ha emocionado mucho", confiesa Eulalia Gómez.

No muy lejos, en el centro del Recinto Ferial, el Cabildo de Fuerteventura tiene un puesto que convierte la artesanía en una clase práctica. En una mesa con hilos de palmera canaria y paja de trigo, dos alumnos están haciendo un sombrero en vivo, bajo la supervisión de su maestro artesano. Lolina Negrín, consejera de artesanía de Fuerteventura, explica que los sombreros que se exponen no se aprenden a hacer en un curso de 20 o 40 horas. "Se necesitan uno o dos años para dominar la técnica y crearlos", señala.

En otro rincón del recinto, José Antonio Díaz recuerda cómo empezó su pasión. En 1986, a través de un curso del Instituto Nacional de Empleo (INEM), se inició en la ebanistería, una especialidad de la carpintería dedicada a la fabricación de muebles. Tuvo que elegir entre cerámica, madera y cuero, "y elegí la madera". Sus diseños se inspiran en las pintaderas canarias. "Como soy canario, mis diseños siempre se inclinan por ese estilo", explica mientras muestra joyeros con tapas en forma de pintaderas.

Más adelante, los colores llamativos de un puesto atraen a los visitantes. Es el de Agustina Santini, una vidriera de Tenerife que expone joyas y obras de su especialidad, inspiradas en las que se ven en las iglesias. "Cuando era niña, me fascinaban las vidrieras de colores de los templos. Con el tiempo aprendí la técnica, empecé copiándolas y luego me dediqué a la joyería", recuerda.

José Carlos Marrero resume lo que muchos sienten al ver estas piezas únicas: "Aquí entiendes que cada una tiene alma, que no es un objeto cualquiera, sino que tiene historia". La feria combina tradición y aprendizaje, pero también ofrece música, talleres y demostraciones en vivo. Los más pequeños se acercan curiosos a preguntar "qué estás haciendo", "cómo lo haces" y "por qué". Además, aprovechando el puente de diciembre, familias enteras visitan el Recinto Ferial para disfrutar de la Feria de Artesanía de Canarias.

La programación de esta edición es muy atractiva. Habrá 14 talleres y cuatro clases magistrales a lo largo de los cuatro días. La primera clase magistral, dedicada a los usos de pañuelos y fajines, la impartirán Alberto Sosa y Marta Pérez. Los talleres iniciales ofrecerán actividades para adultos, como construir instrumentos de percusión (dirigido por Nayra Pérez), y para los más pequeños, como colorear y recortar vestimenta tradicional.

Los talleres durarán dos horas y tendrán un máximo de 10 participantes para asegurar una atención personalizada. Además, la feria también destacará la roseta canaria, reconocida recientemente como Bien de Interés Cultural Inmaterial.

La 41ª Feria de Artesanía de Canarias estará abierta al público de 10:00 a 21:00 horas, y el lunes de 10:00 a 19:00 horas. La entrada es gratuita, ofreciendo a residentes y visitantes una oportunidad única para descubrir, valorar y comprar obras hechas por artesanos y artesanas de las Islas.