
Descubren 11 cedros milenarios en el Teide, incluido el ser vivo más longevo de Europa.
El Parque Nacional del Teide revela el hallazgo de once cedros canarios milenarios, destacando Tara, un ejemplar de 1.544 años que se corona como el ser vivo más longevo de Europa.
Un proyecto de conservación en el Parque Nacional del Teide ha dado una gran sorpresa: han encontrado 11 cedros canarios con más de 1.000 años. Tres de ellos tienen más de 1.500 años y ocho superan el milenio. El escalador Javier Martín Carbajal, que los descubrió, dice que estos árboles "escaparon al hacha".
Para los biólogos, como José Luis Martín Esquivel, este es un "gran descubrimiento". Creen que antes había un enorme bosque de cedros en Las Cañadas. De hecho, el Cabildo de Tenerife y la Fundación Endesa ya han replantado 17.000 cedros. Desde 2019, y hasta 2025, se han estudiado y datado con carbono-14 un total de 25 ejemplares. Estos árboles, encontrados en lugares casi imposibles de alcanzar, "son una ventana única al pasado del parque y demuestran lo valioso que es el cedro canario como símbolo de resistencia, biodiversidad y memoria de nuestro entorno", según la Corporación insular.
Entre los cedros más antiguos, destaca uno llamado Tara. Este árbol, que da frutos y es fértil, tiene 1.544 años y es el ser vivo más longevo de Europa, superando a Bárbol, que era el récord anterior. Aunque ya se sabía de su existencia, el pasado lunes 1 de diciembre se le puso nombre oficialmente.
Javier Martín Carbajal, uno de los que encontró a Tara, explicó que le pusieron ese nombre porque es un árbol "en femenino". Él, junto a otras tres personas, busca más cedros en las zonas más difíciles del parque. Tara está en una pared de los Roques de García, a 150 metros de altura. Martín Carbajal bromea diciendo que "no lo van a encontrar" por lo difícil que es llegar a él.
Martín Carbajal, que lleva 40 años escalando por el Teide, le dijo un día al biólogo José Luis Martín Esquivel que conocía un cedro que podría ser más viejo que "El Patriarca", otro cedro de 1.118 años. Cuando Martín Esquivel vio a Tara, solo pudo decir: "Es como un libro abierto esperando a ser leído", recuerda Martín Carbajal.
Tara fue descubierta hace unos años y su estudio es parte de un proyecto de reforestación y conservación del Cabildo de Tenerife, la Fundación Endesa y la Universidad de Valladolid. Martín Carbajal asegura que "en todas las zonas escarpadas de Las Cañadas hay cedros que sobreviven". Le sorprende cómo, incluso en lugares difíciles, se encuentran árboles talados, lo que demuestra que la gente llegaba hasta ellos con cuerdas. Además, advierte que aún quedan cedros por analizar en el Teide, por lo que Tara podría no ser el más viejo por mucho tiempo.
Juan Ignacio Ferrer, de la Fundación Endesa, explica que su organización trabaja para proteger la naturaleza con proyectos en parques nacionales. Para ellos, restaurar los bosques de cedros en el Teide "es una oportunidad única para que la naturaleza recupere su equilibrio y para salvar un paisaje tan valioso como el del Teide".
José Miguel Olano, profesor de la Universidad de Valladolid, añade que este descubrimiento "demuestra que la ciencia y la colaboración entre el sector público y privado pueden proteger nuestra naturaleza. La biodiversidad de Canarias es un tesoro que debemos cuidar con decisión".
Además de los cedros, otro proyecto con la Fundación Endesa y Agroforestal ha ayudado a otras especies. Se han reintroducido 65 violetas del Teide y 50 cardos de plata en dos nuevas zonas del parque.
Martín Esquivel explicó que, aunque las especies más amenazadas ahora tienen miles de ejemplares, "siguen en riesgo, aunque ya no en peligro de extinción".
La violeta del Teide, que crece sobre todo en Guajara, casi desaparece por los incendios de 2023 en el sur de la isla. Esto les hizo buscar un segundo lugar para protegerla. "Ya tenemos una segunda población en el sombrerito de Chasna", dijo el biólogo.
El cardo de plata, que hace unas décadas era una de las especies más amenazadas del mundo con menos de 200 ejemplares, ahora cuenta con miles. Sin embargo, Martín Esquivel advierte que "en las zonas más altas, la especie empieza a sufrir por el cambio climático". Por eso, la han trasladado a una nueva ubicación en las faldas del Teide, a unos 2.800 metros, para asegurar su supervivencia.
Martín Esquivel está muy contento con el trabajo de conservación en el Teide. Explicó las fases del proyecto, desde el semillero, donde "se hace magia", hasta el vivero. Buscar y separar semillas es un trabajo duro y que lleva tiempo. Ángel Mallorquín, coordinador de estas primeras fases, explicó que "cada semilla tiene su proceso" y que "no hay una fórmula única, cada una es particular y el proceso varía".
Para ahorrar tiempo, a veces recogen las semillas de los excrementos de las aves. Por ejemplo, el mirlo capiblanco, que viene del norte de Europa, come el fruto del cedro y dispersa las semillas. "Así, adelantamos seis meses el proceso", comentó Martín Esquivel.
Después de pasar por el banco de semillas, van al vivero, que es como "la guardería de las semillas". Cuando las plantas son jóvenes, pasan por una fase de aclimatación para acostumbrarse a las duras condiciones del parque. Finalmente, se plantan en sus lugares de origen, protegidas con vallas para que los animales no se las coman.